Las gusanas (fragmento)Alfonso Martínez Garrido

Las gusanas (fragmento)

"No supo cómo, pero Mauricio se encontró de nuevo a caballo y, sin saber tampoco por qué, lo dirigió hacia el poblado. Ya estaba todo claro, muy claro: ¡las gusanas habían realizado la paridera en las entrañas del tío Jorge! Incluso aquella infinidad de larvas blancas que parecían nevar la tierra, los excrementos de las gusanas, confirmaban el maleficio. En la aldea, Mauricio sólo encontró esqueletos, de gentes y de animales. Identificó en su covacha el del viejo mestizo por el diente de plata que relucía en una calavera. Había dejado el caballo en la puerta y de pronto se le ocurrió mirar por la ventana hacia el Volcán de las Gusanas. Las temibles orillas de su cráter se hallaban ensabanadas, y de éste surgía titilando una pequeña humareda, como un mal presagio. Y sucedió de improviso, igual que llega el dolor por el costado de un ataque al corazón. El estrépito del volcán enmudeció el relincho del caballo que, ahora sí, escapó enloquecido hacia nunca se supo dónde. Mauricio quiso correr tras él, pero ya todo era inútil. De repente sintió el calor bajo sus pies, aquel terrible calor que en seguida le trepó por los tobillos, por las pantorrillas, hacia los muslos. Cuando intentó moverse, sólo dejó en el humo de su carne quemada un grito espantoso, mientras se desplomaba de bruces sobre la lava que se deslizaba arrasándolo todo hacia los cuatro ríos. "


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