Confesiones de un octogenario (fragmento)Ippolito Nievo

Confesiones de un octogenario (fragmento)

"Con un pie en la tumba, solo ya en el mundo, abandonado tanto por los amigos como por los enemigos, sin temores ni esperanzas que no sean eternos, liberado por la edad de esas pasiones que extraviaron demasiado a menudo mis juicios y los efímeros espejismos de una ambición que no fue temeraria, no he recogido de mi vida más que un fruto: la paz de espíritu. Vivo contento con ella, y en ella confío. Es ésta la que señalo a mis hermanos más jóvenes como el más envidiable tesoro, y el único escudo para defenderse contra las seducciones de los falsos amigos, los embelecos de los cobardes y los abusos de los poderosos. Sólo me queda por hacer una última declaración, a la que la voz de un octogenario tal vez dé un poco de autoridad; y es que viví la vida como un bien; basta para ello con que la humildad nos ayude a considerarnos como infinitesimales artesanos de la vida universal y que la rectitud de espíritu nos acostumbre a considerar que el bien de muchos es superior con creces al de cada uno de nosotros. Mi vida temporal, como hombre que soy, toca a su fin; contento del bien que he podido hacer, y seguro de haber reparado en la medida de lo posible el mal que he causado, no me resta más que una esperanza y una fe: que esta vida se confunda pronto en el gran mar del ser. La paz de que disfruto en el presente es como ese golfo misterioso en cuyo fondo el audaz navegante encuentra un paso hacia el océano infinitamente calmo de la eternidad. Pero, antes de sumergirme en ese tiempo en el que no habrá más diferencias de tiempos, mi pensamiento recae una vez más en el porvenir de los hombres; es a ellos a quienes, confiado, lego mis culpas para que las expíen, mis esperanzas para que las recojan, mis deseos para que los cumplan. "


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