El señor de Pigmalión (fragmento)Jacinto Grau

El señor de Pigmalión (fragmento)

"Cuando niño, vi aquí, en Madrid, casualmente, en la colección particular de un inglés muy rico, unos muñecos antiguos de palo, maravillosos, construidos por aquel célebre Juanelo, relojero de Carlos quinto, y por Vaucanson. Esos autómatas se movían y andaban de un modo perfecto. Me impresionaron hondamente. Luego, como si fuese mi destino que me los pusiese delante, tuve ocasión de ver muñecos japoneses y chinos, carátulas prodigiosas y dos muñecas hechas por Laffite Daussat, que eran una acabada imitación de la mujer. Salí de España, y en Nuremberg, esa Jauja infantil, donde se crean tanto juguetes, me interesé por la fabricación de los fantoches; pero un día, viendo en un museo caretas de Debureau, caras descoloridas de Pierrot, con las ventanas de la nariz dilatadas; caretas de bronce del Japón y de madera laqueada; máscaras de la comedia italiana, unas de cera pintada, otras de seda, y algunas de gasa extendida sobre hilos de alambre; caretas de Venecia, con expresión enigmática; un verdadero compendio, en fin, de histrionismo hiriente y heterogéneo, un mundo de muecas, de geniales deformaciones plásticas... Viendo todo eso nació en mí la idea de crear artificialmente el actor ideal, sin vanidad, sin rebeldías, sumiso al poeta creador, como la masa en los dedos de los escultores. "


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