Fértil agonía del amor (fragmento)Marcio Veloz Maggiolo

Fértil agonía del amor (fragmento)

"Emilia me miraba de reojo, y con sus grandes silencios me envolvía como en una atmósfera de polvo y nubes densas. Entonces el sudor me chorreaba por las caderas, y debajo de mi impecable traje de gabardina a rayas percibía el cosquilleo de las gotas, rodando, asustadas, y ahogándome en una humedad casi de río revuelto, de arroyo en penumbras, de sombría catarata cuyo origen no era sino el deseo.
Hube de sentarme muchas veces en mi escritorio de funcionario cabal para admirar su perfil, sus piernas carnosas y rectas a la vez, sus muslos azules, o verdes –no sé-, que imaginaba como cubiertos de un barniz brillante y transparente. Pero lo que más me enervaba era sentir su respiración cargada de jadeos cerca de mis oídos, cuando me traía, con manos temblorosas, los oficios, las cartas, toda aquella montaña de papel que preparaba cotidianamente para que yo firmase con una paciencia de cartógrafo, y con indudable mirada de burócrata que debía olvidarse del amor por la mujer del compañero.
Estaban separados desde hacia largas semanas; no se por que en ese momento pensé en la pobreza de su matrimonio, en su agrio sentido de la realidad. Me vi de pronto atraído por sus grandes ojos color ciruela y por una boca que, sin ser carnosa, tenía justos los límites de almendra madura que tienen las bocas que emergen desde las novelas de las revistas de moda. Desde que miré con interés sus manos largas y coloreadas con uñas perfectamente esculpidas, pensé en caricias, en informales besos, en madrugadas furtivas. Pero todo ese mundo imaginario se reducía a un silencio que se congelaba cuando había la oportunidad. "



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