Servidumbre y grandeza de las armas (fragmento)Alfred de Vigny

Servidumbre y grandeza de las armas (fragmento)

"Si es verdad, según el poeta católico, que no hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria, también es cierto que el alma encuentra alguna alegría acordándose, en horas de calma y libertad, de los tiempos de dolor o de esclavitud. Esta melancólica emoción hace volver los ojos con tristeza sobre algunos años de mi vida, aunque estén aquellos años muy cercanos a éstos y aunque mi vida no sea muy larga todavía.
Yo no puedo obligarme a callar cuantos sufrimientos poco conocidos y valerosamente soportados he visto caer sobre una raza de hombres siempre desdeñada o glorificada con exageración, según que las naciones la encuentren útil o necesaria.
Sin embargo, no es sólo este sentimiento el que dicta mi libro, y espero que servirá también para mostrar alguna vez, con detalles de costumbres observadas por mis propios ojos, lo que aun nos queda de atrasado y de bárbaro en la organización modernísima de nuestros ejércitos permanentes, donde el hombre de guerra está aislado del ciudadano, donde es desdichado y feroz, porque se da cuenta de su mala y absurda condición. Es triste que todo se modifique entre nosotros y que el Ejército sea lo único inmóvil. La ley cristiana ha cambiado una vez las costumbres feroces de la guerra; pero las consecuencias de las nuevas costumbres que introdujo no han sido llevadas bastante lejos respecto a este punto. Antes de ella, el vencido está sacrificado o esclavo de por vida; las ciudades conquistadas, saqueadas; los habitantes, expulsados y dispersos; y así, cada pueblo, aterrado, se mantenía constantemente dispuesto a medidas desesperadas, y la defensa era tan atroz como el ataque. Hoy las ciudades conquistadas no tienen otro temor que el de pagar las contribuciones. La guerra se ha civilizado; pero los ejércitos, no; porque, además de conservarles cuanto en ellos había de malo, la rutina de nuestras costumbres, la ambición o los terrores de nuestros gobiernos han aumentado el mal, separándolos cada vez más del pueblo y obligándoles a una servidumbre más ociosa y más grosera que nunca. Tengo poca fe en los beneficios de las organizaciones súbitas, pero concibo los que vienen por mejoras sucesivas. Cuando se atrae sobre una herida la atención general, poco falta para curarla. Esta curación es, indudablemente, un problema difícil de resolver para el legislador, pero por eso es más necesario proponerlo. Yo lo hago aquí, y si nuestra época no está destinada a encontrar la solución, por lo menos habré dado forma a un deseo, y acaso las dificultades sean ya menores. Todo será poco para apresurar la época en que los ejércitos se identifiquen con la nación, si queremos caminar hacia los tiempos en que no existan ejércitos ni guerras y en que no haya sobre el planeta más que una sola nación unánime, al fin, sobre sus formas sociales, acontecimiento que desde hace largo tiempo debería haberse realizado ya. "



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