Memorias de uno a quien no sucedió nada (fragmento)Enrique Menéndez y Pelayo

Memorias de uno a quien no sucedió nada (fragmento)

"Renuncié a mi destino y me volví a Santander. No podía más. La nostalgia del Muelle y de la Alameda, de la guantería de Alonso, del Teatro Principal y de cierta niña más principal aún me estaba consumiendo la entreña, me estaba dejando amarillo y lacio. (...) De las cenizas, digámoslo así, de los "bailes campestres" nacieron las veladas del Casino del Sardinero. No puede decirse, en verdad, que fue un buen día cuando vinieron al mundo; nacieron, por el contrario, de un chaparrón. Sobrevino éste como a media tarde de un día veraniego; la gente que paseaba por el Sardinero en aquel espacio que llamábamos el "Pañuelito" corrió a ponerse "a subio" en el salón del primitivo Casino, donde a alguien se le ocurrió preludiar en el piano un aire de vals, rigodón o mazurca. (...) Ya no se va a rezar, al menos solemne y oficialmente como antes, ante el monumento que conmemora la horrible explosión del "Cabo Machichaco". Ya no parece sino que muchos de los santanderinos que aún respiramos no hemos visto nunca volar raíles y viguetas sobre el tejado de la Catedral, ni hincarse un ancla en el suelo de la Plaza Vieja. "


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