Mis años han desaparecidoWalther von der Vogelweide

Mis años han desaparecido

"¡Ay, han desaparecido, ¿dónde?, todos mis años!
¿Mi vida es verdad, o de un sueño el engaño?
Lo que siempre creí que era: eso, ¿qué es?
Después me he dormido, y ya no lo sé.

Ahora he despertado, y el saber extraño
de lo que conocía como a mi propia mano.
El pueblo y la tierra donde me crié de niño
se me han vuelto ajenos, cual si fuesen mentidos.

Mis amigos de infancia están viejos e indolentes;
talado el bosque, listo el campo aún sin simiente:
tan sólo el agua fluye, como fluía antaño.

Jamás imaginé por cierto dolor tamaño.
Me saluda indolente más de un conocido.
Por doquier está el mundo en infortunios hundido:
cuando en tantos dichosos días doy en pensar,
que se precipitaron como un golpe en el mar,
¡ay, más y más dolor!

¡Ay, qué lastimoso es lo que hace la juventud!
A los que nunca el ánimo acosó inquietud,
no excusan las cüitas. ¡Ay! ¿Por qué actúan así?
Donde mire en el mundo, nadie está feliz:
danzar, reír, cantar, se esfuman en la aflicción.

Hueste tan lastimosa jamás cristiano vio.
Ved cómo sienta ahora a la mujer el tocado;
el caballero altivo lleva atuendo de aldeano.

Ásperas cartas hannos llegado desde Roma:
tristeza nos permiten, la alegría nos toman.
Todo esto me acongoja (tan buena era la vida),
tener que anteponer las lágrimas a la risa.

Si a las aves silvestres aflige nuestra queja:
¿qué os maravilla ver que el ánimo me deja?
Pero, ¿qué digo, necio de mí, con maligna ira?
-Si estéril placer sigues, el de allá extravías:
¡ay, más y más dolor!

¡Dolor, las cosas dulces, cómo nos conciernen!
Veo cómo en la miel la amarga hiel se cierne.
Por fuera el mundo es bello, blanco, verde y rojo,
mas cual la muerte negro por dentro y tenebroso.

Quien fuera seducido por él, que se consuele:
de gran culpa redime la penitencia leve.
Caballeros, pensad en ello: es cosa vuestra;
portáis yelmos lucientes, muchas corazas férreas,
los mejores escudos y benditas espadas.

¡Si de victoria digno Dios sólo me juzgara!
Entonces yo, hombre pobre, obtendría rico pago.
No digo feudos, no de señorial oro halago:
quisiera yo llevar, eterna, esa corona,
que el mercenario sólo con su lanza cobra.

Si pudiera hacerme, como ansío, a la mar,
cantaría "salud", y "dolor" nunca jamás,
¡"dolor", nunca jamás. "



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