Antropología pedagógica (fragmento)Maria Montessori

Antropología pedagógica (fragmento)

"Sin duda alguna en el pasado fuimos los opresores inconscientes de esta nueva semilla que brota pura y cargada de energía. Y nos hemos impuesto a ella sin reconocer las necesidades de su expansión espiritual. Así, el niño se ha mantenido casi totalmente oculto –o en gran parte opacado– por este egoísmo inconsciente del adulto. No sería muy bien recibido, supongo, que yo dijera que con frecuencia el adulto se convierte en un obstáculo más que en una ayuda para el desarrollo del niño. Nos es sumamente difícil aceptar la declaración de que, muy a menudo, es nuestro excesivo cuidado del niño el que impide el ejercicio de sus propias actividades, y por consiguiente la expansión de su propia personalidad.
Así sucede que cuando nosotros, con las mejores intenciones y con el más sincero deseo de ayudar, hacemos todo por el niño –cuando lo lavamos, lo alzamos y lo ponemos en su silla, cuando lo alimentamos y lo ponemos en esa especie de jaula que llamamos su cuna–; al prestarle esas ayudas inútiles en realidad no lo ayudamos sino que lo estorbamos.
Y después, volvemos a cometer el mismo error –ante el joven o la muchacha– cuando, aún aferrados a la creencia de que no puede aprender nada sin nuestra ayuda, lo retacamos de alimentación intelectual, lo clavamos a las bancas de la escuela para que no se pueda mover, hacemos todos los esfuerzos para sacar de raíz sus defectos morales, aplastamos o rompemos sus deseos, seguros en nuestra creencia de que así estamos actuando en su máximo bienestar.
Y así proseguimos indefinidamente; y a esto lo llamamos educación. "



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