Los aliados del diablo (fragmento)Emilio Romero

Los aliados del diablo (fragmento)

"Reconozco que me tira escribir teatro por la sola razón de la expresión, como me tiró hacer periodismo para expresar opiniones al hilo de lo que pasaba. Mis últimas salidas al teatro fueron con las versiones libres -tan libres que fueron mitad a mitad- de La muerte de Dantón, de Buckner, y el Galileo, de Brecht. Estas vacaciones de verano realicé una tentación que tuve en los comienzos de la primavera, y que era llevar al teatro La dama de las patillas, en un monólogo, no solamente porque fuera una amante del rey Amadeo de Saboya, sino porque todo lo que acontecía, y tenía que contar, era un proceso constituyente, precisamente en la década setenta-ochenta del siglo pasado, exactamente hace cien años en esta década de nuestro actual proceso constituyente. Mi lectura frecuente de ese siglo apasionante hacía el oficio de instigarme, malévolamente, en la intención de los parecidos.
Así es que me puse bajo del brazo a Galdós, al conde de Romanones, a Josefina Carabias, a Estévanez, a Ricardo de la Cierva, a Montero Ríos y a mi propio archivo personal de esa década, y me puse a leer más minuciosamente y a escribir esa década. Así es que he estado viviendo dos destronamientos, la liquidación de la I República y la I Restauración.
He analizado el esfuerzo inútil y admirable del rey más constitucional que ha tenido este país, y que fue Amadeo de Saboya, con un bipartidismo comido de ambiciones pequeñas y carente de imaginación creadora que fatigó al rey, hasta el punto de abandonar voluntariamente el trono, y que nos llevó a una fórmula más radical de la democracia -la República-, con la aparición de las autonomías, que fue aquel federalismo utópico de Pi y Margall que puso a toda España en combustión y que acabaría con aquella famosa invitación del general Pavía para que abandonaran el Parlamento los señores diputados y se invitara a una «operación puente» que llevaría a la restauración de Alfonso XII, a un bipartidismo más serio y a una democracia más gobernada, más armada, que duraría hasta 1923.
No entro en el juicio de esta primera Restauración en sus políticos. A mí no me gusta. Pero lo que resulta evidente es que se fraguó una democracia donde los conspiradores, los demagogos, los federalistas improvisados sin una idea del Estado, los agitadores, tuvieron menos que hacer. La gran trifulca histórica que empezaría después de la guerra de independencia quedaba contenida, y solamente eran imprevisibles los ácratas. El parentesco me resultaba estremecedor cuando lo acercaba en las palabras, y en los comportamientos, a la época actual. "



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