Caos calmo (fragmento)Sandro Veronesi

Caos calmo (fragmento)

"Hemos acabado de hacer surf, Carlo y yo. Surf: como hace veinte años. Conseguimos que dos chavales nos prestaran las tablas y nos hemos lanzado entre las olas altas, amplias, tan insólitas en ese Tirreno que ha bañado toda nuestra vida. Carlo, más agresivo y temerario, ululante, tatuado, obsoleto, con su melena al viento y su pendiente brillando al sol; yo, más prudente y estilista, más diligente y controlado, más mimetizado, como siempre. Su tristemente célebre clase beat y mi vieja falsa modestia sobre dos tablas que se deslizaban al sol, y nuestros dos mundos que volvían a competir como en los tiempos de las formidables peleas juveniles–rebelión contra subversión–, cuando las sillas salían volando, poca broma. No es que hayamos dado un gran espectáculo, puesto que ya es mucho el hecho de no habernos caído de las tablas; o mejor dicho: hemos dado el espectáculo de alguien que ha sido joven y que por un breve periodo ha creído que algunas fuerzas podían prevalecer de veras, y que durante ese periodo ha aprendido a hacer un montón de cosas que de inmediato se rebelaron como completamente inútiles, del tipo tocar las congas, o hacer rodar una moneda entre los dedos como David Hemmings en Blow Up, o ralentizar el latido cardíaco para fingir un ataque de bradicardia y librarse del servicio militar o bailar ska, o liar canutos con una sola mano, o disparar con arco, o la meditación trascendental o, precisamente, el surf. Los dos chavales no podían comprendernos, Lara y Claudia ya habían vuelto a casa, Nina se marchó esta mañana temprano (Carlo cambia de novia cada año, de manera que Lara y yo empezamos a numerarlas): no había nadie que pudiera disfrutarlo, ha sido un pequeño espectáculo para nosotros dos, uno de esos juegos que sólo tienen sentido entre hermanos, porque un hermano es el testigo de una inviolabilidad que, a partir de un momento determinado y en adelante, nadie más estará dispuesto a reconocerte. "


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