En los arrecifes (fragmento)Boris Pahor

En los arrecifes (fragmento)

"Mira, exclamó ella, que sonreía con una amplia sonrisa, como sólo ella sabía hacerlo, mostrando el arco de sus rosados labios, rodeados de dientes que semejaban diminutos cristales, pero la sonrisa estaba revestida de un tono estático, interiormente sorprendido e impersonal, como si de verdad fuera algo ajeno a sí misma. Una sonrisa inocente, pero prestada.
Su boca parecía una fruta roja sesgada por la mitad, con dos filas de pipas verdes y blancas en medio.
¡Mira, otra cueva!
Él estaba a su lado esta vez.
¿Dónde?
Está escondida, dijo misteriosamente, como si largo tiempo atrás hubiera sido ella misma quien había bloqueado esa kárstica caverna.
Estaban de pie en una pendiente baja, había arbustos de color rojo sangre zumaque por todas partes, como tranquilos fuegos entre blanquecinas rocas. Las rocas puntiagudas sobresalían entre la tonalidad rosa de la tierra y el color rojo de los zumaques, cuyas hojas habían adquirido el color del suelo. Podía apreciarse una grieta en la roca.
Un agricultor arrastró una piedra dentro del agujero, dijo él. Puso sus manos sobre la piedra, tratando de desplazarla. Es realmente pesada. Ella mostró su disconformidad con un gesto de la cabeza.
La cerró con una roca a causa de las vacas, dijo él. Debido a las terneras. ¿Dónde están las terneras? Ella miró a su alrededor. ¡No puedo ver ninguna ternera!
Ellas pueden romperse las piernas, dijo él, sonriendo, porque en realidad no había nada alrededor, salvo la anodina tranquilidad de una jornada de domingo, tamizada por los colores del otoño. Su alegría contenida había sido desbordada por aquel silencio cromático, casi racional. Él no podía comprender por qué era racional. No lo sabía. No lo entendía. ¿Sería acaso su risa? ¿Lo que bullía alrededor? ¿Los traviesos saltos por encima de los arbustos rojos? ¿El brillo de una delgada muchacha de dieciséis años de edad, cuya falda susurraba en las hojas de los zumaques mientras saltaba sobre ellos? No fue eso. Era como si hubiera sido trazada una frontera entre ellos, un pequeño muro, invisible todo el tiempo, permaneciendo oculta tras la barrera, que mostraba su faz únicamente con esa sonrisa impenetrable.
No se moverá, dijo ella. Y una vez más trató de desplazar la roca, pero ella sólo fingió empujar con fuerza, no había alegría chispeante en sus ojos, como si pretendiera burlarse de su impotencia. "



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