El despertar (fragmento)Isaac Babel

El despertar (fragmento)

"En lo que a mí se refiere, mis pensamientos eran bien distintos. A la hora de los ejercicios de violín, colocaba en el atril libros de Turguéniev o Dumas, y, mientras rascaba las cuerdas, devoraba página tras página. Durante el día le contaba a los muchachos de la vecindad toda clase de historias y por la noche las pasaba al papel. La afición a escribir era hereditaria en nuestra familia. Mi abuelo, Leivitsjok, que acabó un poco tocado, se pasó casi toda su vida tratando de terminar una novela que llevaba por título El hombre sincabeza. Yo seguía sus pasos.
Cargado con el violín y los papeles de música, tres veces por semana recorría la calle de Witte, antiguamente de la Nobleza, para dirigirme a casa del señor Zagurski. Allí sentados a lo largo de una bancada, esperando su turno, había unos cuantos judíos poseídos de histérico arrebato.
Todos ellos apretaban contra sus débiles rodillas unos violines de mayor tamaño que quienes en el futuro habían de dar conciertos en el palacio de Buckingham.
Se abría la puerta del santuario. Del gabinete del señor Zagurski, balanceándose, salían unos niños de cabeza grande y pecosos, de cuello fino como el tallo de una flor y mejillas rojas como de epiléptico. La puerta se cerraba, tragándose a otro enano. Tras ella, desgañitándose, cantaba y dirigía el maestro con su corbata de lazo, sus rizos pelirrojos y sus piernas de alambre. Era el administrador de la monstruosa lotería: había llenado el barrio moldavo y los negros callejones del Mercado Viejo con los fantasmas del pizzicato y la cantilena. "



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