Primavera eterna (fragmento)Ivan Bunin

Primavera eterna (fragmento)

"Pero al romper el día, cuando las nubes que se cernían sobre el bosque comenzaron a palidecer, a disiparse, y el paisaje recobró su aspecto ordinario, la suerte me sonrió de manera inesperada. Una calesa pasó por el camino que llevaba a la estación. La patrona de la posada, que acababa de levantarse, la vio a través de la ventana y me dijo que la calesa conducía al tren de Moscú al comisario encargado de administrar el antiguo dominio de los príncipes D. Ese dominio se encontraba exactamente en el rincón a donde yo tenía que ir. Así, pues, cuando el cochero volvió a pasar de regreso de la estación, salí a su encuentro; no puso ningún inconveniente en trasladarme sino que, más bien al contrario, parecía encantado de prestarme ese servicio. Era un buen hombre, de extrema amabilidad, un apacible gigante con cora-zón de niño; durante todo el trayecto, no hacía más que repetir:
“¡Dios mío, vivir para ver esto! ¡Qué pena!” Sin embargo, salía el sol, y el blanco caballo de grandes ancas, ligeramente agotado, caprichoso y sordo por mor de la edad, tiraba alegremente de la calesa a través del bosque, una calesa tan vieja como él, pero que me parecía maravillosa, tranquila como una cuna. "



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