Las tinieblas (fragmento)Leonid Andreiev

Las tinieblas (fragmento)

"Hasta entonces tuvo suerte en todo cuanto hizo, pero aquellos últimos días le habían sido, más que desfavorables, hostiles. Como hombre cuya vida entera parecía un juego de azar muy peligroso, conocía bien estos bruscos cambios de fortuna y sabía aceptarlos con calma: la apuesta en este juego era la vida, su propia vida y la de los demás, y gracias a eso había aprendido a estar siempre alerta, a darse cuenta rápidamente de la situación y a calcular con sangre fría.
Esta vez tenía también que obrar con astucia. Un azar cualquiera, una de esas pequeñas casualidades que no se pueden prever siempre, había puesto a la policía sobre su pista. Hacía dos días que él, terrorista y lanzador de bombas conocido, se veía perseguido incesantemente por espías que le encerraban en un cerco estrecho y apretado. No podía hallar asilo en los círculos donde se conspiraba, porque serían descubiertos por los espías. No podía andar más que por determinadas calles y avenidas; pero las cuarenta y ocho horas que llevaba sin dormir, constantemente en guardia, le habían fatigado de tal modo que te­mía otro peligro: podía quedarse dormido en cualquier parte, sobre un banco, en una calle, hasta en un coche, y ser conducido a un puesto de policía de la manera más estúpida, como un simple borracho. Era martes. A los dos días, el jueves, tenía que realizar un acto terrorista muy importante. Todo el comité venía haciendo desde largo tiempo preparativos para el asesinato, y precisamente a él se le había conferido el «ho­nor» de arrojar aquella última bomba. Así pues, era preciso, costara lo que costara, no dejarse detener hasta aquel día. "



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