Los verdugos españoles (fragmento)Daniel Sueiro

Los verdugos españoles (fragmento)

"Nos presentaron también y Bernardo empezó a dar ruidosas órdenes para que nos sirvieran enseguida más vino, diciéndonos que nos consideráramos como en nuestra propia casa, con permiso del dueño del bar, al que dedicó una ceremoniosa inclinación.
Su aspecto era jovial y bastante feliz. Venía muy bien afeitado y muy limpio, con el pelo plateado en las sienes recién cortado, aunque la colonia que le habían echado no era tan fresca como para sugerir las transparentes y cantarinas aguas de los verdes arroyos, sino tan penetrantemente perfumada como para recordar más bien las densas profundidades de las cálidas alcobas.
Dejó su sombrero encima de un pequeño montón de sillas de tijera plegadas y recogidas en un rincón y se colgó las gafas con veterano descuido en la pechera de la camisa, en la abertura entre dos botones, con una de las patillas introducida hacia la camiseta y la otra doblada por fuera, tras los cristales. Se colocó en medio de sus dos compañeros, a los que abrazó estrechamente, y junto con ellos se acercó al pequeño mostrador de madera, tras el que le miraba sin moverse el tabernero. Se inclinó para hablarle casi al oído:
- Mira, aquí te presento...Éste, el ejecutor de la Audiencia de Barcelona; este otro, el ejecutor de la Audiencia de Madrid... ¡Y yo, el ejecutor de la Audiencia de Sevilla! ¿Eh, qué te parece? ¡Esto no lo volverás a ver tú en la vida!... ¡Nunca! ¡La asamblea completa!... ¡Ja, ja, ja!...
El susurro de su voz era jocoso y divertido pero, sin embargo, no pareció hacer gracia al tabernero, que no pudo evitar un ligero estremecimiento. "



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