Sin ánimo de lucro: Por qué la democracia necesita las Humanidades (fragmento)Martha Nussbaum

Sin ánimo de lucro: Por qué la democracia necesita las Humanidades (fragmento)

"Perseguimos posesiones que atesorar, pero no nos consolará ni redimirá aquello que Rabindranath Tagore definió como nuestra cobertura. Parece que nos estamos olvidando del alma y de interrelacionarnos con el mundo de una manera más sutil y con las otras personas, con las otras almas, y no a modo de instrumento útil u obstáculo frente a nuestros propios deseos, sino a través de la intermediación de un diálogo profundo.
La palabra alma tiene connotaciones religiosas para muchas personas. No insistiré sobre ellas ni las rechazaré...Sobre lo que sí insistiré, sin embargo, es acerca del significado dado a ese término por Tagore y por Bronson Alcott: las facultades del pensamiento y de la imaginación nos hacen humanos y hacen que nuestras relaciones humanas sean fructíferas, en lugar de relaciones de simple manipulación o de uso. Cuando nos encontramos en la sociedad, si no aprendemos a mirar de esa forma, la democracia está condenada al fracaso, porque la democracia se basa en el respeto y la preocupación y éstos, a su vez, se basan en la capacidad de ver a otras personas como seres humanos y no sólo como objetos.
Dado el anhelo de crecimiento económico en todos los países, especialmente en esta época de crisis, muy pocos se han planteado las preguntas adecuadas acerca del cariz de la educación y por ende de las sociedades democráticas del mundo. El afán de rentabilidad en el mercado mundial, especialmente en una era de ansiedad religiosa y económica, hace que peligren los preciosos valores que sustentan el futuro de la democracia.
(...)
Los problemas económicos, ambientales, religiosos y políticos que debemos resolver tienen alcance mundial. No cabe esperanza alguna de resolverlos si las personas que se encuentran distantes no se unen para cooperar como jamás lo han hecho. Tomemos como ejemplos el calentamiento global, los regímenes de comercio internacional, la protección del medio ambiente y las especies animales, el futuro de la energía nuclear, los peligros de las armas nucleares, los flujos migratorios de mano de obra, la elaboración de normas laborales dignas y la protección de la infancia frente al abuso sexual, la esclavización y la trata de personas. Se trata de problemas que sólo pueden afrontarse de verdad si existe un diálogo a nivel multinacional. La lista puede seguir casi hasta el infinito.
Por otra parte, ninguno de nosotros queda fuera de esa interdependencia. La economía global nos vincula a todos con otras personas que viven a gran distancia. Nuestras decisiones más básicas como consumidores afectan al estándar de vida de otras personas que habitan en países lejanos y que producen los artículos que usamos. Nuestra vida cotidiana presiona sobre el medio ambiente global. Por lo tanto, sería irresponsable esconder la cabeza bajo tierra y hacer caso omiso de que todos los días nuestros actos inciden en la vida de otras personas. Entonces, la educación debería proporcionarnos elementos necesarios para desenvolvernos de manera eficaz en ese diálogo multinacional, como "ciudadanos del mundo" (por usar una frase ya consagrada) y no sólo como estadounidenses, indios o europeos. "



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