Filibuth o el reloj de oro (fragmento)Max Jacob

Filibuth o el reloj de oro (fragmento)

"¡Querido fabricante de poemas y amigo!
Gracias por su misiva. Prefiero dejar que su sensibilidad adivine mi agradecimiento: las palabras deforman los sentimientos. Gracias de todo corazón y gracias a la señora ***. ¡En fin! ¡No es que lo rechace! Pero, precisamente, de mi¬lagro he encontrado uno, de alguien, en alguna parte. En resumen: ¡he encontrado una joya de armario de luna, querido colega! De modo que, así las cosas, sugiera usted a su buena amiga que ponga ese barullo de armarios que tanto le molestan a disposición de cualquier Obra Filantrópica, como La Gota de Leche, el Bocado de Pan, El Puchero Barato o cualquier Ropero del distrito xx. Por otra parte, me importa un rábano todo este tipo de cosas. En cualquier caso, venga a verme cuando regrese: mi joya de ar¬mario desea conocerle y aprovecharemos para divertirnos a nuestras anchas.
¡Un armario! ¡Un armario!, cantado a ritmo de manifestante callejero. Me percato muy bien de cuánto hay de grotesco en esta obsesión por el armario, pero se adecúa al buen sentido y me sienta terriblemente mal que, al ofrecerme los múltiples armarios de la señora ***, me diga con tanta crueldad que «me permito exquisiteces» y que, a medida que voy mejorando mi home, ¡me harto de la barbarie! Pero ¿tan bárbaro era? ¿De veras? ¡Y yo ni siquiera me había en¬terado! Más bien pobre, creo yo. No, pero confiese que no resulta muy divertido tener las manos sucias cada vez que se seleccionan manuscritos… ¿Acaso no se vuelve uno loco cuando, en plena faena, tiene que perder el tiempo hacien¬do acrobacias en medio de algún revoltijo en busca de una hoja extraviada? Mi querido y amado fabricante de novelas de tesis: retire usted lo de «barbarie» y «exquisiteces» o yo le retiro mi amistad; un armario, a la postre de luna, me parece una necesidad, me atrevo a suponer, completamente natural. Haría falta todo un volumen para situar mi armario en esta calle y en esta casa que usted considera «curiosas». «¿Daría para diez páginas? ¡No!». Vamos, que temo demasiado aburrirle como para no abreviar. ¡Ah, nada me me horroriza tanto como las cosas largas! ¡No sabe usted cuánto! Y aun así, a veces… "



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