Los mongoles blancos (fragmento)William Dalrymple

Los mongoles blancos (fragmento)

"Acaeció en la mitad de Muharram, el festival Shia que conmemora el martirio de Hussaín, el nieto del profeta. Justo había concluido un libro sobre los monasterios del Medio Este que había supuesto un arduo trabajo de cuatro años. Estaba exhausto, motivo por el cual vine a Hyderabad, tratando de alejarme de ordenadores y ventas. Relajarme y viajar sin rumbo.
Era primavera. Sentía bajo mis pies el calor templado de las piedras de las mezquitas, mientras vagabundeaba a través de los santuarios de la vieja ciudad, llena de plañideras, envueltas en negros mantos, que recitaban dolientes lamentos en urdu por la tragedia de Kerbala. Era como si Hussaín hubiera sido asesinado una semana antes, no en el distante siglo séptimo antes de Cristo. Éste era el tipo de ciudad india que yo admiraba.
Era, por otra parte, un lugar relativamente inexplorado sobre el que no había nada escrito, al menos en inglés. También era reservado. Me disgustaba el inmediato esplendor monumental de ciudades como Agra o Rajput en el norte. Hyderabad poseía un encanto para los ojos curiosos que no lograban describir el entramado laberíntico de sus calles. Sólo lentamente podías asomarte a aquel hermético mundo, donde el agua todavía manaba desde las montañas, la brisa doblaba suavemente las flores y los pavos reales te llamaban desde los árboles del mango. Allí, oculto entre las calles, yacía la calma de un mundo atemporal, un último bastión de la marchita civilización indo islámica donde, como explican los historiadores del arte, los hombres de Hyderabi todavía llevan fez, sueñan con la rosa y el ruiseñor, y se lamentan por la pérdida de Granada. "



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