El cantar de los cantares (fragmento)Guido Ceronetti

El cantar de los cantares (fragmento)

"Amor carnal, amor místico, amor entre puras hipóstasis son el Amor, tricéfalo y uno. En el Cantar este misterio triádico pasa con el resplandor del relámpago. En su interior se desconocen las distinciones de valor. Los grados de realidad y de emanación de las tres especies son diversos; pero el lenguaje erótico no tiene más que un modo de expresarlos. El trabajo de la qinah petrificado, el amor de un día eternizado es lo que imploran los amantes en su miseria. No salimos del círculo cuando, para volver a tener y plasmar de nuevo lo que ha ocurrido, querríamos que el amor recomenzase y volviera a encontrar su principio en el tiempo, porque querríamos hacer palpable la ausencia de fin, que para nosotros consiste únicamente en un doloroso recomenzar. Para romper ese círculo es necesario ver como figura de otro el amor que no recomenzará. La qinah mueve también los amores de los pléromas, los amores cabalísticos y sufitas, los amores entre el que no tiene relación con los sentidos humanos y los silencios, los abismos: amores de los que es imposible negar el aspecto obsceno. Y no hay más morbosidad y demencia que en cualquier otro amor carnal en el amor intensamente carnal, espasmódico, transverberante, vivido y sufrido intramuros y en las calles, humano y más que humano, entre un ser humano y una figura sagrada.
La base de todas nuestras imágenes es carnal; porque aquél (el hombre) es carne (Gén 6,3) proyectamos en los cielos las sombras gigantescas de nuestros enanos cuerpos de muerte. Una doble sombra sobre el muro, que choca y choca como una mariposa enorme, ¿qué hay de más verdadero que una pareja mística fugitiva? El amor es un interminable encaje de sombras amorosas que se alargan desde los muros hasta las constelaciones. Y cada especie de amor tiene en sí su sal, su azufre, su mercurio: hay qinah, emociones y espíritu en los amores por una revelación de la mente, por el temblequeo de un arquetipo. El amor espiritual está presente hasta en la atmósfera de los burdeles: es un clandestino escondido debajo de los lechos, que trasforma en fuegos celestes las impresiones que recibe. Desde cualquier punto de un amor cualquiera son visibles sus proyecciones divinas y sus antepasados hipostáticos como rostros enormes. A hombres de un amor, las multiplicaciones intelectivas y las visiones del infinito son, en su interior, como las complicaciones psicológicas y morales. Si el hombre no estuviera hecho para vivir y representar todos los grados de realidad del amor, no habría tantas interpretaciones del Cantar de los Cantares. "



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