La suerte del viticultor (fragmento)Elizabeth Knox

La suerte del viticultor (fragmento)

"Una semana a mitad del verano, cuando los fuegos del festival estaban fríos y la gente decente estaba ya acostada tras la puesta de sol, un hombre joven llamado Sobran Jodeau robó dos botellas de vino para acallar la primera gran decepción de su vida. Aunque el festival había terminado, todo era un canto, las ranas hacían música de cámara en la cisterna cercana a la casa y los negros entre las vides. Sobran se desvió de su camino para aplastar un insecto, vio el parpadeo de sus extremidades brillantes y tras asediarla, se sentó, ya calmado, junto al cadáver. El joven hombre miró su sombra en el suelo. Fue algo sustancial. La luna llena sobre aquella playa de arena. La fidelidad de aquellas sombras.
Sobran deslizó la hoja de su cuchillo entre el cuello de las botellas y el corcho y lentamente las destapó, tomando un sorbo y degustando su frescura, un sabor que evocó el último verano, pero no se detuvo, ni siquiera para dar sombra a sus ojos. Éste fue el efecto de los primeros sorbos, luego supo simplemente a una bebida, como diría el Padre Leisy, el sacerdote cuyas cartas Sobran y su hermano Leon conocían tan bien. Ahora el vino era pura química corriendo por las venas de Sobran. Empezó a sentir dolor de nuevo y se sintió mareado, ignoraba que aquel tónico no silenciaría su lamento. "



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