La vida para principiantes (fragmento)Slawomir Mrozek

La vida para principiantes (fragmento)

"—¿Té o café?—preguntó la anfitriona.
Me gustan ambas cosas y aquí me obligaban a elegir. Eso quería decir que pretendían escatimar el café o el té. Soy bien educado, de modo que no di muestras de cómo me asqueaba semejante tacañería. Justa­mente estaba ocupado conversando con el profesor, mi vecino de mesa, a quien estaba convenciendo de la superioridad del idealismo sobre el materialismo, y fingí no haber oído la pregunta.
—Té—contestó el profesor sin vacilar. Naturalmente, ese animal era un materialista e iba di­recto a atracarse.
—¿Y usted?—se dirigió a mí.
—Disculpe, tengo que salir.
Dejé la servilleta y fui al servicio. No tenía nin­guna necesidad de hacerlo, pero quería reflexionar y ganar tiempo.
Si me decido por el café, perderé el té, y vicever­sa. Si los hombres nacen libres e iguales, pues el café y el té también. Si escojo el té, el café se sentirá menospreciado, y viceversa. Semejante violación del Derecho Natural del café o del té es contraria a mi sentido de la justicia como Categoría Superior. Pero no podía quedarme en el servicio eterna­mente, aunque sólo fuera porque no era la Idea Pura del Servicio, sino un servicio concreto, es decir, un servicio normal y corriente con azulejos. Cuando volví al comedor, todo el mundo estaba ya bebiendo el té o el café. Era evidente que se habían olvidado de mí.
Aquello me tocó en lo más vivo. Ninguna aten­ción, ningún miramiento para con el individuo.
No hay nada que deteste más que una sociedad desalmada, así que fui corriendo a la cocina a reivindicar los Derechos Humanos. Al ver encima de la mesa un samovar con té y una cafetera, me acordé de que aún no había resuelto mi dilema inicial: té o café, o bien café o té. Por supuesto, era preciso exigir las dos cosas en lugar de acep­tar la necesidad de una elección. Sin embargo, no sólo soy bien educado sino también delicado por naturaleza. De modo que dije con amabilidad a la anfitriona, que trajinaba en la cocina:
—Mitad y mitad, por favor.
Luego grité:
—¡Y una cerveza! "



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