El profeta mudo (fragmento)Joseph Roth

El profeta mudo (fragmento)

"Me pareció, por tanto, necesario dar a mi relato una resonancia más amplia que la que podía ofrecerle una simple versión oral. Y decidí escribir lo que había contado.
He escrito esta vida de Kargan respetando el orden cronológico en que la conté aquella vez. He omitido las interrupciones de mis oyentes, así como sus ademanes, bromas y preguntas. Asimismo he silenciado adrede aquellos he­chos o características que pudieran inducir a la identifica­ción de Kargan y ayudar así al lector, siempre dispuesto a ello por naturaleza, a reconocer en la persona descrita a algún personaje histórico preciso y existente. Esta biogra­fía de Kargan no tiene más pretensiones de actualidad que cualquier otra. Tampoco es un ejemplo destinado a ilus­trar ningún ideario político. Se hace eco, a lo sumo, de una verdad sempiterna: que el individuo aislado sólo puede sucumbir.
¿Estará Friedrich Kargan destinado a caer definitiva­mente en el olvido? Según las noticias que algunos de sus amigos afirman haber recibido recientemente por vía indirecta, aunque muy de fiar, estaría decidido a no frecuentar ya más al mundo civilizado. Es posible, por lo tanto, que algún día acabe por sumirse en la más absoluta de las soledades, sin dejar traza alguna y sin que nadie lo advierta, como una estrella mo­ribunda en una noche silenciosa y envuelta en brumas. Su fin, en este caso, permanecería ignorado, tal como sus comienzos lo habían sido hasta ahora.
Friedrich nació en Odesa, en la casa de su abuelo, el rico comerciante en tés Kargan. Hijo natural, y por lo tanto mal visto, tuvo por padre a un maestro de piano austríaco apellidado Zimmer, a quien el rico comerciante en tés había negado la mano de su hija. El maestro de piano desapareció de Rusia; en vano lo hizo buscar el viejo Kargan al enterarse de que su hija estaba embarazada.
Medio año después, la envió junto con el recién nacido a casa de su hermano, un acaudalado comerciante afinca­do en Trieste. En aquella casa pasó Friedrich su infancia, que no fue del todo desdichada, aunque él hubiera caído en manos de un benefactor.
Sólo cuando murió su madre—joven aún y de una enfermedad a la que nunca pudieron asignar un nombre exac­to—, Friedrich fue trasladado a un cuarto de servicio. Los días festivos y en ciertas ocasiones le permitían sentarse a la mesa con los hijos de la casa. Pero él prefería la compañía de los criados, con los que aprendió a disfrutar del amor y a desconfiar de los grandes señores.
En la escuela primaria reveló ser mucho más talentoso que los hijos de su protector, quien al ver esto le hizo interrumpir sus estudios e ingresar como aprendiz en una agencia marítima, donde Friedrich tendría la oportunidad de convertirse, al cabo de algunos años, en un hábil empleado con ciento veinte coronas de sueldo mensual.
Por esa época se fue multiplicando el número de deser­tores, emigrantes y víctimas de los pogroms que llegaban de Rusia por las fronteras austríacas. "



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