Solidaridad y soledad (fragmento)Adam Zagajewski

Solidaridad y soledad (fragmento)

"Todo aquello iba acompañado de cambios notables en la manera de pensar y de realizar las actividades culturales. Si bien la oposición era algo nuevo, su mera aparición en los escenarios hizo que los viejos dilemas de la tradición política polaca recuperaran la actualidad. A principios de los setenta, por Varsovia corrían rumores de que unos jóvenes neoconservadores escribían artículos interesantes, y en la segunda mitad de la década, los universitarios y los intelectuales jóvenes se entregaban con fervor a los estudios históricos, sin que nadie los considerara por ello neoconservadores. Mucho antes, cuando se había librado el debate sobre el llamado mito heroico, el coronel Zauski se había pronunciado a favor del heroísmo. En la segunda mitad de los setenta, cuando hacía falta una buena dosis de coraje para vivir una vida arriesgada, ya nadie se acordaba de aquella polémica, y eso ocurría porque, entretanto, la situación había cambiado radicalmente y los coroneles y generales habían perdido el monopolio de la historia patria.
En uno de los poemas más recientes de Julia Hartwig leemos estas palabras:
Europa, para ti somos un depósito de historia con nuestros ideales anticuados, nuestro poemario desenterrado y los cánticos que entonamos.
Convertimos lo mejor de nosotros en pasto del dragón de la violencia: muchachos jóvenes, muchachas hermosas, mentes sublimes, talentos prometedores —ofrendas de flores, cruces y palabras.
Nosotros, hijos pródigos de la sensatez, predicadores seglares de la esperanza, herederos de una retórica patria que nos sienta que ni hecha a medida aunque tan sólo ayer nos iba algo estrecha.
«Para ti somos» no es el poema más logrado de Julia Hartwig (justo debajo, en la misma columna, Tygodnik Powszechny publicó «Encima de nosotros», unos versos maravillosos de la misma autora). Sin embargo, su tono guasón y ligeramente inseguro, dirigido tanto a Europa como a nosotros mismos, revela algo interesante: el orgullo de que ocurra lo que está ocurriendo y una leve inquietud acerca de si las cosas deberían ser así.
Contiene también un breve resumen de la historia de la intelectualidad polaca, a la que «tan sólo ayer» su tradición «iba algo estrecha». O sea que el cambio radical es de fecha muy reciente. ¿Será definitivo? ¿De qué clase de cambio estamos hablando? ¿Cuáles son sus precedentes?
En el fondo, sabemos muy poco, lo cual, por otra parte, no es ninguna desgracia. El hecho de que todas las generalizaciones sobre las épocas, los estados de ánimo y las etapas de la cultura sean deficientes—¡sólo ante la juventud hay que fingir que uno comprende a la perfección su propia historia, y por esta razón los manuales escolares abundan en diagnosis y periodizaciones absurdamente detalladas!—les otorga el estatus de algo inacabado, algo que podemos volver a moldear sentados en un columpio que oscila entre el pasado y el futuro. Si crear el futuro nos cuesta tanto trabajo, por lo menos podemos crear el pasado. Ésta es la visión que un observador malicioso podría tener de Polonia: como sus habitantes han sido desposeídos del poder sobre su propio destino, se dedican a la historia. "



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