La manera que tiene el infinito...José Corredor-Matheos

La manera que tiene el infinito...

"La manera que tiene
el infinito
de caber en un cántaro…

¿Qué ha sido de aquel sauce
que había en mi jardín
y despertaba el verde
de mis hojas,
y qué ha sido también
de aquel que era yo
cuando todas mis hojas
eran verdes?
A veces creo oír
que aquel sauce pronuncia
mi nombre algunas noches
y lo siento en la savia
de mis venas.
¿Y él, podrá oírme
si leo este poema?
¿Lo sentirá en la sangre
que corre por su tronco
y por sus ramas?
Hay algo que me dice
que ni el sauce ni nada
de lo que fuera mío
he de considerarlo
perdido para siempre.

La lluvia te ha llenado
los pulmones
de algo que es un dolor
en todo semejante
a la alegría.

Pocas cosas despiertan
mi alegría
como el brincar gozoso
de algún perro
que me ha salido al paso.
Pocas cosas remueven
algo profundo en mí
como el mirar de un perro
fatigado
de haber vivido tanto.
Todo el amor del mundo
que tú ansías
y la desolación que sientes
asoman a los ojos
de un perro que te mira,
interrogándote.

Si a este inocente
pájaro
nada le importa más
que gozar del instante
e ignora que ha nacido
y que ha de morir,
¿por qué habrá de
importarme
a mí, si es mi vida
corta como la suya
y soy feliz también
bajo esta fina lluvia
ignorándolo todo?

De la muerte, cortar
el esfuerzo incansable
con que incita
a vivir para siempre.

¿Es sólo un calcetín
eso que brilla
en medio de la calle
o alguna ave herida
que no puede volar?
Sucio, agujereado,
su fulgor me deslumbra
en pleno mediodía.
¿He de pasar de largo
o lo he de guardar
con todos mis tesoros?
¿Quién lo dejó caer,
como al azar,
para que me saliera
ahora
al paso,
calcetín que es capaz
de volar como un pájaro,
desplomarse en la tierra
como un pájaro,
y viene a recordarme
que él y yo compartimos
la caída y el vuelo?

Te cuesta ver las cosas
que comparten tu vida
como te cuesta ver
tu propia vida.
Hasta que un día aprendes,
y lo haces de golpe,
como si ya estuvieras
despidiéndote
de todo para siempre.

Canta el viejo Louis Armstrong,
y es el mundo el que canta.
Ahora que la voz
es la de Ella Fitzgerald,
la muerte se levanta
de su lecho
y todo lo ilumina.
Tú sientes la vergüenza
de estar vivo,
tú sientes la vergüenza
de no ser también negro
y no poder cantar
como Louis, como Ella,
de pie sobre la muerte.

Yo soy un pez, un pez
que va por el jardín,
tan libre como un árbol.
Y soy también un árbol,
que tiene sus raíces
en el cielo,
como un pájaro.
Soy un pájaro, un pájaro,
y son míos los cielos
las aguas y la tierra.
¿Por qué, si soy un pez,
un pájaro y un árbol,
la angustia de ser hombre
hace que todo
me resulte, de pronto,
tan extraño?

Ponerte a ver el
mundo,
ir contando sus piezas
y al final descubrir
que falta una.
No saber dónde está,
pero intuir
que hay una solución
que has de dar tú.

No sé si mis palabras
son de paz y consuelo
o de desolación.

Sosegar el espíritu
entre el pavor y el gozo
de vivir.
Y que el mismo sosiego
sea el signo gozoso
de que el pavor empieza.

¿Cuánto daría yo
por oír en tu voz
que la nada es el fruto
de tu meditación,
que después de la
muerte
hay la nada
o la misericordia?

¿Qué músicas son éstas
que hieren mis oídos
como hojas de otoño?
¿Quién es el que me dicta
lo que escribo
y me hace vivir
con la clara conciencia
de la muerte? "



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