La muerte llega para el arzobispo (fragmento)Willa Cather

La muerte llega para el arzobispo (fragmento)

"Una noche del verano de 1848 tres cardenales y un obispo misionero en América estaban cenando juntos en los jardines de una villa situada en las colinas de la Sabina, con vistas a Roma. La villa era famosa por la exquisita vista desde su terraza. El jardín oculto en el que se hallaban sentados los cuatro hombres estaba situado a unos seis metros al sur de la terraza, y una pequeña roca daba paso a un declive en el que había una plantación de viñedos. Un pequeño tramo de escalones lo enlazaba con el paseo superior. La mesa se hallaba en una zona arenosa, entre naranjos y adelfas, a la sombra de los robles que crecían sobre la roca. Más allá de la balaustrada aguardaba el espacio abierto y muy por debajo se extendía el paisaje ligero y ondulado, sin nada que impidiera contemplar la propia Roma.
El cardenal español y sus invitados se habían sentado a cenar temprano. El esplendoroso brillo del sol duraría todavía al menos una hora, y a través de los luminosos pliegues del país el bajo perfil de la ciudad apenas inquietaba el horizonte-excepto la bóveda aplanada de la Catedral de San Pedro, que parecía un enorme globo, y sobre su superficie metálica se proyectaba el retazo de una luz cobriza. El cardenal había tenido la excéntrica predilección de comenzar la cena en las postrimerías vespertinas, cuando la vehemencia del sol sugería movimiento. La luz estaba llena de acción y ostentaba una particular cualidad cercana al cénit-de espléndido final. Se trataba de un brillo intenso y ligero a la vez, con un tono rojizo muy variado y un aura roja en sus rayos.
Se fijaba en los robles, iluminando sus troncos de caoba y disolviendo el oscuro follaje; templaba, áureo, el verde brillante de los naranjos y el rosa de las adelfas; enviaba congestionadas espirales sobre los platos de damasco y cristal. Los eclesiásticos mantenían sus bonetes en sus cabezas para protegerse del sol. Los tres cardenales llevaban sotanas negras con ribetes y botones de color carmesí. El obispo, un largo jersey negro sobre su chaleco violeta. "



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