Los embajadores (fragmento)Henry James

Los embajadores (fragmento)

"Pero aquello, por el momento, no tenía mayor importancia. Aseguró el joven amigo que estaba muy contento. No habría alteración; estaban muy bien como estaban. No quería ser presentado; ya lo habían presentado más o menos cuanto quería. Había visto, además, una enormidad; le agradaba Gloriani, que, como la señorita Barrace seguía diciendo, era maravilloso; había descubierto, estaba seguro, a la otra media docena de hombres distinguidos, los artistas, los críticos, y, oh, el gran dramaturgo: éste era fácil de reconocer, pero no quería-no, gracias, de veras- hablar con ninguno de ellos; pues no tenía nada en absoluto que decir y lo encontraba todo muy hermoso tal como estaba; muy hermoso porque lo que era... bueno, era sencillamente demasiado tarde. Y cuando, después de esto, el pequeño Bilham, sumiso y atento, aunque con el ojo puesto en los consuelos más a mano, emitió un desenvuelto "¡Más vale tarde que nunca!", lo único que obtuvo a cambio fue un brusco "¡Mejor a tiempo que a destiempo!" Este espíritu, ciertamente, acto seguido, fluyó para Strether en un calmo torrente demostrativo que, nada más emprender el vuelo, sintió era el verdadero consuelo. Había formado una fuente con plena conciencia, aunque el pantano se había llenado antes de lo previsto, y el detalle del compañero vino a desviar las aguas. Cosas había que tenían que suceder a tiempo si es que habían de suceder en definitiva. Pues si no se daban a tiempo se perdían para siempre. La sensación que le embargaba era que le habían arrastrado con su empuje largo y lento.
-No es demasiado tarde para usted, se mire por donde se mire, y no me parece que esté en peligro de perder el tren; aparte de que las personas suelen ser normalmente confiadas, por supuesto, con el reloj de su libertad marchando con tanto ruido que parece estar allí mismo, en no perder de vista el momento de subir. De todos modos no olvide que es usted joven, benditamente joven; regocíjese de ello, por el contrario, y viva con intensidad. Viva al máximo; es un error no hacerlo. No importa tanto lo que se haga en particular mientras se disponga de la propia vida. Si no se tiene esto, ¿qué se tiene entonces? Este lugar y las impresiones que suscita, por apacibles que pueda usted encontrarlas para agitar tanto a un hombre; todas mis impresiones acerca de Chad y de la gente que he visto en su casa... bueno, han tenido su pletórico mensaje para mí, sólo me han convencido de eso. Ahora lo veo claro. Apenas he hecho nada y ahora ya soy viejo; demasiado viejo, en cualquier caso, para lo que comprendo. Oh, sí, comprendo por fin; y más de lo que usted creería o pudiera expresar. Es demasiado tarde. Y es como si el tren me hubiera esperado pacientemente en la estación sin que yo haya tenido el sentido común de saber si estaba allí. Ahora oigo su silbido lejano y apagado a muchos kilómetros de distancia. Lo que se pierde se pierde; no se confunda respecto de esto. El negocio, quiero decir el negocio de la vida, no habría podido ser, sin duda, diferente para mí; porque es, en el mejor de los casos, un molde de hojalata, o estriado y con relieves, con resaltos ornamentales, o bien liso y espantosamente plano, en la que se vierte una masa desamparada, la propia conciencia, para que uno "coja" la forma, como dicen los cocineros, y quede más o menos compacta gracias a él: se vive, en fin, como se puede. "



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