A medida que el hielo se encadena (fragmento)Holger Drachmann

A medida que el hielo se encadena (fragmento)

"Todavía es invierno. Ayer por la tarde, se revirtió el curso del hielo congelado. La lluvia que cayó, mezclada con grandes copos de nieve, como si se tratara de un paño, abrigaron el recinto. Consulté mi barómetro, antes de disponer mi tiempo para tratar de reemplazar las pérdidas de mis añoranzas despedazadas.
¡Otra vez llegó el invierno! Recordé con una sonrisa en los labios que había consultado aquella misma mañana el oráculo meteorológico, que entreveía débiles vientos del sur y la bonanza de un clima templado. El viento soplaba del oeste, inclinándose hacia el norte. En mi sala de trabajo el fuego ardía alegremente, los copos de nieve se aferraban al dintel de los ventanales, las vivificantes gotas de lluvia caían a regañadientes, y yo... pensaba.
Vivía en la parte superior de Strandbakken. Una residencia de verano muy agradable. Éste era el estribillo constante que nos consolaba del inhóspito invierno.
Miré por encima del ruido y vi una gran desolación de color blanco y grisáceo, interrumpida, aquí y allá, por charcos planos en la parte superior de hielo, merced al viento que ondulaba con una leve descarga sobre la quebradiza tierra y parecía absorbido por el Regntykningen, que se cernía sobre Hveen.
Pensé con cierta curiosidad en la historia de Tycho Brahe, aunque parezca extraño, porque no suelo pensar acerca de la grandeza de nuestros exiliados. Pensé en él esta tarde en su Uraniborg, en su soledad en medio de aquellas gruesas paredes.
Un invierno como éste un pescador se había ahogado al intentar llegar a la isla. Era un hombre solo, no un padre de familia, pero en fin...
Entonces, me llamaron a comer, y cuando volví, encendí la lámpara. Sentí en las cortinas el hálito de un aliento fresco, como una cuchara de carbón que se hubiera apoderado de mi fugaz ánimo.
Descubrí que no había llegado muy lejos el papel que tenía delante de mí, pero continué con mi línea de pensamiento: el pescador, el ruido, el hielo, Tycho Brahe y el Noroeste.
El pescador se llamaba Jonas-su nombre era realmente ése- Había salido en compañía de otros y se había perdido en la espesura como un tonto, se había alejado de los demás, y se ahogó. La ballena gigante grande, la muerte, siempre al acecho, se había estirado hasta el límite de su boca y se lo había tragado. Era un pescador honesto, no un profeta, apenas desembarcado en la distante costa de la eternidad. "



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