El arte de caminar (fragmento)William Hazlitt

El arte de caminar (fragmento)

"Una de las cosas más placenteras del mundo es irse de paseo, pero a mí me gusta ir solo. Sé disfrutar de la compañía en una habitación, pero al aire libre me basta la naturaleza. Nunca estoy menos solo que cuando estoy a solas.
Al estudiar los campos, la naturaleza era su libro.
No le veo gracia a caminar y charlar al mismo tiempo. Cuando estoy en el campo, deseo vegetar como el campo; no voy a criticar los setos ni el ganado negro; salgo de la ciudad para olvidarme de la ciudad y de todo lo que contiene. Hay quienes, con este propósito, van a estaciones balnearias y llevan consigo la metrópolis. Yo prefiero más libertad de acción y menos estorbo; me gusta la soledad, cuando me entrego a ella por sí misma tampoco pido un amigo en mi retiro, a quien pueda susurrar: la soledad es dulce.
El alma de una caminata es la libertad, la libertad perfecta de pensar, sentir y hacer exactamente lo que uno quiera. Caminamos principalmente para sentirnos libres de todos los impedimentos y de todos los inconvenientes; para dejarnos atrás a nosotros mismos, mucho más que para librarnos de otros. Salgo de paseo porque anhelo un poco de espacio para respirar y para meditar sobre cosas indiferentes, donde la contemplación:
pueda arreglarse las plumas y dejarse crecer las alas, que en el ajetreo del balneario estaban unas veces desplumadas, otras rotas, y por eso me ausento por un tiempo de la ciudad, sin sentirme extraviado en el momento mismo en que me quedo solo. En lugar de un amigo en una silla de posta o en un tílbury, con quien intercambiar ideas y barajar una vez más los mismos temas ya trillados, por una vez denme una tregua con la impertinencia; denme el claro cielo azul sobre la cabeza y el prado verde bajo los pies, un camino sinuoso y una caminata de tres horas antes de cenar... ¡y luego a pensar! Raro será que no pueda yo comenzar algún juego en estos brezales solitarios. Río, corro, salto, canto de alegría. Desde el lugar de aquella nube algodonosa, me hundo en mi ser pasado y gozo allí como el indio de piel tostada que se lanza de cabeza a la ola que lo llevará a su ribera nativa. Luego, ante mi vista ávida surgen cosas olvidadas ya tiempo atrás, como "ruinas hundidas y tesoros que no toca el sol" y empiezo entonces a sentir, a pensar, a ser de nuevo yo mismo. En lugar de un embarazoso silencio, interrumpido por intentos de decir algo ingenioso o simples lugares comunes, mi silencio es ese silencio no alterado del corazón, único que es la elocuencia perfecta. "



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