La señorita y otras historias (fragmento)Anna Banti

La señorita y otras historias (fragmento)

"Después que Ofelia se había recuperado de un episodio grave de tifus, su familia y otros conciudadanos reconocieron su belleza. Sus rígidos rizos oscuros (que habían sido previamente alisados en las sienes por la presión de unas trenzas) brotaban en su cabeza, embelleciendo su rostro de aspecto tímido. Una suavidad florida se extendía por sus mejillas, acentuando la delicadeza de su nariz y otros rasgos que únicamente podían ser gratos. Su figura no era especialmente prometedora, pero su pueril modo de andar, con los pasitos apresurados de una ansiosa colegiala habían conformado cierta indiferencia que evocaba sutilmente una gracia aristocrática. Aunque más tarde sugiriera la languidez de una mujer exhausta por demasiados embarazos. En la ciudad decían su padre, médico estaba acumulando para fabulosos ahorros para una gran dote. Por consiguiente su fama creció proporcionalmente, como suele suceder en las provincias, y Ofelia llegó a ser muy popular.
A lo largo de este tiempo había sido una adolescente insensible, carente de buen sentido e imaginación en el mismo grado. Al crecer en una familia en la que su madre gobernaba con meticulosa ineficacia y tacañería, Ofelia, como si estuviera maldita, heredó estos rasgos que había detestado desde la niñez, llegando a ser más caótica y meticulosa incluso. Con la mejor de las intenciones, considerando sus limitados recursos mentales (que se compensaban con una persistente tenacidad), sus padres la enviaron a una escuela técnica tras los estudios elementales. Mientras tanto ella había aceptado sin mucho entusiasmo recibir lecciones de piano. Estas decisiones revelaban dos formas contradictorias de pensar propias de las familias burguesas. "Dado que no es creativa, encaminémosla hacia algo práctico. Dado que no está interesada en las ciencias, tendrá éxito en las artes. "



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