La habitación misteriosa (fragmento)Sven Elvestad

La habitación misteriosa (fragmento)

"Todos aguardaban ansiosamente el regreso del antiguo caballero. Bengt estaba confuso y miró hacia los tres de espadas. Asbjorn Krag le acribillaba con aquella fabulosa mirada.
Krag, de forma inadvertida para los demás, empujó su silla hacia un lugar próximo a Aekerholms.
Finalmente, regresó el entusiasmo que maldecía al silencio. "Miren hacia aquí, señores"-gritó desde la puerta-"A esto le llamo yo un arma de fuego". Y les mostró un revólver recortado de dos cañones a la antigua usanza.
En tono de broma, señaló sucesivamente a los tres hombres. Asbjorn Krag, que estaba sentado a su lado, mantuvo la boca de la pistola negra en dirección a su rostro, justo por debajo de la nariz.
"La ha cargado"-gritó el anciano- y se rió. "Tenga cuidado, o podría afeitarse las cejas. Esa herramienta es muy sutil."
Krag dejó escapar uno de los revólveres, que cayó al suelo con cierto desprecio. Luego se fue de nuevo hacia la puerta. Volvió a disparar desde la habitación de al lado.
Ahora, la habitación estaba totalmente llena de pólvora. Pero el viejo parecía disfrutar del sabor del olor amargo. Cabeza en alto, se acercó a Asbjorn Krag, con el fin de obtener el reconocimiento de su gran disparo.
Krag se sentó en silencio sin apenas tocar la silla. Le pidió a Aekerholm que le mostrara la pistola. Éste se la entregó.
El detective, pensativo, la sopesaba en la mano, al parecer sin leer con interés la inscripción del mango, pero luego dijo de pronto, mirando a Aekerholm:
"Bueno, ¿para qué ha usado este arma?"
Estas palabras actuaron como un puñal en el ánimo del anciano. Con los ojos muy abiertos y aterrorizados miraba al detective, y exclamó:
"¿Qué... qué... qué está diciendo?"
Krag dijo con indiferencia:
"¿Qué estoy diciendo?" Nada en especial. Así que ésa es su arma de fuego, quería decir. Dispara bien."
El anciano guardó silencio. Alrededor de medio minuto, miró inquisitivamente a Krag. Y cuando por fin se sentó en su sillón, el viejo rostro tenía una extraña expresión, entre el asombro y la desolación. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com