Deterioro (fragmento)Jelena Lengold

Deterioro (fragmento)

"No hay mejor lugar para comenzar esta historia. Cada lugar parace equivocado y acertado por igual. No hay manera de decir todo uniformemente, porque el tiempo fluye a veces en espiral. Lo que ha ocurrido antes parece suceder de nuevo de vez en cuando, de acuerdo con un patrón idéntico, un sinsentido que no hay forma de prevenir. Y sólo Dios sabe si de todas formas lo intento. O sólo me engaño a mí misma, disfrutando de un gemido interminable, trivial.
Deterioro.
Es simplemente una palabra que alguien pronunció recientemente e hizo que mi respiración se demorara más de lo que es natural.
Deterioro.
¿Sientes el poder de la palabra? Yo lo siento.
No es importante. Lo que sucede es que hay que elegir un momento, cualquier momento y decir cosas de la forma más simple posible. Por ejemplo como esto. Leo una mediocre novela y en una de sus líneas: "Si tú eres un volcán, yo estoy bastante seguro acerca de Pompeya". Esto puede ser kitsch. O puede ser un gran pensamiento. Algo me impide hacer un juicio racional sobre esto. Porque, si sólo me centro en la oración, puedo sentir la ceniza cayendo sobre mí, mis paredes, herrerías, panaderías, alcobas, despensas e interminables paseos.
Por lo tanto, tenemos estas dos palabras para empezar. Deterioro y Pompeya. Me parece que de alguna manera no hay nada más que decir, y la primera impresión es probablemente la más cierta, pero la impresión siguiente es aquí, también, el deseo de saber hasta el más mínimo detalle cómo, dónde, en qué momento ocurrió el deterioro. ¿Y quién más que yo podría interesarse por esto? Éste es únicamente uno de los muchos deterioros. El mundo está lleno de ellos. Su calle está llena de ellos. El edificio está lleno de ellos. Se desploma, recogido en lazos, medias, e incómodos zapatos, camina a tu alrededor. Este deterioro mío es sólo uno de ellos. Ni mejor, ni peor. Tal vez sólo un poco más inclinado al exhibicionismo que otros.
Estás muy equivocado si piensas que esto es sólo una larga y misteriosa introducción. ¡Remotamente no! Lo que tenemos aquí es pura cobardía. Porque, al minuto la introducción termina, vamos a tener que, inevitablemente, pasar a la cuestión que nos ocupa. Caóticamente, para estar seguros, sin orden ni concierto, pero sin embargo vamos a tener que abrir con algo. Sin embargo, me apetece hacerlo y no tengo ganas de hacerlo. Al igual que el tipo que va al psiquiatra y le dice: Doctor, tal vez soy ambivalente, y tal vez no lo soy. Sí, algo como eso.
Higos.
Nueces.
Suficientes cigarrillos.
Todo está aquí.
Todo lo que queda es comenzar en alguna parte, desde algo inocente, un lugar que no sospecha nada, y que después nos guiará por su propia voluntad en la dirección equivocada. "



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