Eugenia (fragmento), de Siete LeyendasGottfried Keller

Eugenia (fragmento), de Siete Leyendas

"No llevará la mujer vestidos de hombre ni el hombre usará ropas de mujer; pues obrar así es una abominación para el señor, tu Dios. (Moisés, V, XXII, 5) Cuando las mujeres desdeñan la belleza y la gracia propia de su sexo, prefiriendo a ellas otras ventajas, sucede muy frecuentemente que terminan poniéndose ropaje masculino y así les va a ellas.
Este capricho por hacer de hombres aparece frecuentemente en las leyendas piadosas de los primeros tiempos del cristianismo; más de una santa hubo en aquella época, que se dejó llevar por este deseo de librarse así de todos los deberes de la familia y de la sociedad.
Tal fue el ejemplo que dio Eugenia, joven y bella romana; pero el desenlace de su aventura no tuvo nada de extraordinario ya que, colocada por sus veleidades masculinas en una situación embarazosa, tuvo que acudir a los eternos recursos propios de su sexo para salir de ella.
Hija de un ciudadano romano muy distinguido, vivía con su familia en la ciudad de Alejandría, donde por aquel entonces bullía una gran cantidad de filósofos y sabios. Eugenia había recibido una educación e instrucción esmeradas y esto influyó en ella en gran manera, pues habiendo hecho algunos progresos, se dedicó a frecuentar como alumna todas las escuelas de filósofos escoliastas y retóricos.
Siempre se presentaba acompañada por dos encantadores jóvenes de su misma edad, que eran como su constante guardia personal. Hijos de dos libertos de su padre, con ella habían crecido, y con ella compartían su educación y todos sus estudios.
Eugenia era la más hermosa de las jóvenes alejandrinas y sus compañeros, que, cosa extraña, ambos se llamaban Jacinto, crecían como dos flores pletóricas de juventud. Y dondequiera que se hallaba la amable rosa Eugenia, se veía y se oía a los dos Jacintos charlando a ambos lados suyos o siguiendo galantemente a su dueña que se volvía para discutir con ellos. "



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