Amadís de Gaula (fragmento)Garci Rodríguez de Montalvo

Amadís de Gaula (fragmento)

"Partido el rey Perión de la Pequeña Bretaña, como ya se os contó, de mucha congoja era su ánimo atormentado, así por la gran soledad que de su amiga sentía, que mucho de corazón la amaba, como por el sueño que ya oísteis que en tal sazón le sobreviniera. Pues llegado en su reino envió por todos sus ricos hombres y mandó a los obispos que consigo trajesen los más sabedores clérigos que en sus tierras había, esto para que aquél sueño le declarasen. Como sus vasallos de su venida supieron, así los llamados como muchos de los otros, a él se vinieron con gran deseo de lo ver, que de todos era muy amado y muchas veces eran sus corazones atormentados, oyendo las grandes afrentas en armas a que él se ponía, temiendo de lo perder, y por esto deseaban todos tenerlo consigo, mas no lo podían acabar, que su fuerte corazón no era contento sino cuando el cuerpo ponía en los grandes peligros. El rey habló con ellos en el estado del reino y en las otras cosas que a su hacienda cumplían, pero siempre con triste semblante de que a ellos gran pesar redundaba, y despachados los negocios, mandó que a sus tierras se volviesen, e hizo quedar consigo tres clérigos que supo que más sabían en aquello que él deseaba, y tomándolos consigo se fue a su capilla, y allí en la hostia sagrada les hizo jurar que en lo que él les preguntase verdad le dijesen, no temiendo ninguna cosa por grave que se le mostrase. Esto hecho mandó salir fuera al capellán y él quedó solo con ellos. Entonces les contó el sueño como es ya divisado y dijo que se lo soltasen lo que de ello podía ocurrir. El uno de éstos, que Ungan el Picardo había de nombre, que era el que más sabía, dijo:
—Señor, los sueños es cosa vana y por tal deben ser tenidos, pero pues os place que en algo este vuestro tenido sea, dadnos plazo en que lo ver podamos. —Así sea —dijo el rey—, y tomad doce días para ello.
Y mandólos apartar que se no hablasen ni viesen en aquel plazo. Ellos echaron sus juicios y firmezas cada uno como mejor supo y llegado el tiempo viniéronse para el rey, el cual tomó aparte a Alberto de Campania y díjoles:
—Ya sabéis lo que me jurasteis, ahora decid.
—Pues vengan los otros —dijo el clérigo—, y delante de ellos lo diré. —Vengan, dijo el rey, e hízolos llamar. Pues siendo así todos juntos, aquél dijo:
—Señor, yo te diré lo que entiendo. A mí parece de la cámara que era bien cerrada y que viste por la menor puerta de ella entrar, significa estar éste tu rey no cerrado y guardado, que por alguna parte de él te entrara alguno para te algo tomar y así como la mano te metía por los costados y sacaba el corazón y lo echaba en un río, así te tomará villa o castillo y lo pondrá en poder de quien haber no lo podrás.
—¿Y el otro corazón —dijo el rey—, que decía que me quedaba y me lo haría perder sin su grado?
—Eso —dijo el maestro—, parece que otro entrará en tu tierra y te tomará lo semejante, más constreñido por fuerza de alguno que se lo mande que de su voluntad, y en este caso no sé, señor, que más os diga.
El rey mandó al otro, que Antales había nombre, que dijese lo que hallaba. Él otorgó en todo lo que el otro había dicho:
—Sino tanto que mis suertes me muestran que es ya hecho, y por aquél que te más ama y esto me hace maravillar, porque aún ahora no es perdido nada de tu reino, y si lo fuere no sería por persona que te mucho amase.
Oído esto por el rey sonrióse un poco, que le pareció que no había dicho nada. Mas Ungan el Picardo, que mucho más que ellos sabía, bajó la cabeza y rióse más de corazón, aunque lo hacía pocas veces, que de su natural era hombre esquivo y triste. El rey miró en ello y díjole:
—Ahora, maestro, decid lo que supiereis.
—Señor —dijo él—, por ventura yo vi cosas que no es menester de las manifestar sino a ti solo.
—Pues sálganse todos, dijo él, y cerrando las puertas quedaron ambos. El maestro dijo:
—Sabe, rey, que de lo que yo me reía fue de aquellas palabras que en poco tuvisteis, que dijo que ya era hecho por aquél que te más ama. Ahora quiero decir aquello que muy encubierto tienes y piensas que ninguno lo sabe. Tú amas en tal lugar donde ya la voluntad cumpliste, y la que más es maravillosamente hermosa, y díjole todas las facciones de ella como si delante la tuviera. "



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