Recuerdos de Chelsea (fragmento)David Mamet

Recuerdos de Chelsea (fragmento)

"...Igual que una puta, descargo mi corazón a base de palabras. Bardo.
Sucedió el invierno antes de casarme, cuando vivía solo en un piso de un viejo bloque de Chelsea, en Nueva York. Estuve enfermo todo el invierno, con un catarro o gripe persistente que pillé, creo que al menos en parte, a causa de la soledad. Aunque también me gustaba la soledad.
Todas las noches-lo recuerdo como todas las noches, aunque es imposible que fuera así- me iba a cenar a un restaurante de la Novena Avenida, me sentaba solo y leía novelas.
Noche a noche, me leí las obras completas de Willa Cather. Me comía cualquier cosa con pan y prolongaba la velada a base de café y varios cigarrillos hasta que el restaurante cerraba.
Me estaba ganando la vida como escritor por primera vez en mi vida. Un chico de veintitantos años de Nueva York, comprometido y muy consciente de estar viviendo una novela.
Recuerdo un domingo de octubre, cuando limpié las ventanas.
Mi apartamento tenía cuatro ventanas y me decidí a limpiarlas un día fresco y luminoso, en el que me sentía más feliz que nunca, ni antes ni después.
Recuerdo las noches frente a la chimenea. En una obra mía que se representó en Chicago había utilizado una alfombra de piel de oso, y la chica que nos prestó la alfombra se había presentado algún tiempo después en Nueva York y me la había regalado. Yo me tumbaba en la alfombra delante de la chimenea y leía, con la cabeza apoyada en la cabeza del oso.
Cuando me casé, mi mujer supuso que yo había hecho el amor con innumerables mujeres encima de aquella alfombra y sugirió que la dejara allí, cosa que hice. Sólo había hecho el amor con una mujer sobre la alfombra, pero ya llegaremos a esa historia.
Me encantaba aquel apartamento. Las noches de verano me sentaba allí con una botella de Poully-Fuissé lo más fría que podía conseguir, y bebía mientras leía. No era un vino caro-era justo antes de que el vino blanco francés se pusiera de moda- y me podía dar el gusto.
En resumen, era autosuficiente. Un joven independiente, de mundo. Tenía ingresos y un futuro, y estaba empezando a hacerme un nombre.
Los fines de semana me sentía solo y recuerdo haber deambulado por varias fiestas callejeras en busca de la Mujer de Mis Sueños o, tal vez, de alguna otra versión de la estabilidad. "



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