Soledad acogedora (fragmento)Massimo Cacciari

Soledad acogedora (fragmento)

"En Virgilio la soledad humana se expresa a través del tiempo cósmico, mediante el "universal silencio" de la noche; en Dante la soledad marca un "momento de espanto" que atenaza al hombre en cuanto repara en su "autonomía moral individual"; en Petrarca, por naturaleza mucho más cercano a Virgilio, el centro del universo, el eje cósmico del recorrido de los astros del poeta latino es ya la memoria humana, el tormento, el pensamiento, el enardecimiento, el llanto del hombre; finalmente en Tasso, cuya lengua se encuentra sumamente "ennoblecida por la experiencia" y "en posesión de energías suficientes como para imaginarse capaz de tornar simples y fabulosas las propias palabras a fuerza de artificio" (p.814), el mundo se enmudece, las estrellas callan, las cosas mismas se quedan sin espacio. Es la representación de la soledad lo que aquí nos sorprende y apasiona.
Quizá sea en La noche del día de fiesta donde Leopardi recuerde "con más intimidad" el tema de Dido abandonada. No obstante, en este poema ya palpita una "nueva naturaleza", una naturaleza que proviene de la conciencia de un saber ausente en los precedentes autores clásicos: tanto la naturaleza como los astros, los hombres o los animales se encuentran unidos por un mismo sino, todos ellos participan de un destino común, todos ellos están federados en él. Ya no hay ningún curso divino de las cosas, no lo hay ni allá arriba ni aquí abajo. Ya no hay un lugar para las excelsas estrellas; ya tan sólo contamos con la luna, una muchacha durmiente que se detiene "sobre los tejados y los huertos", una "nocturna llama" que apenas trasluce una claridad blanca y nivosa, criatura tan efímera como nosotros, como el poeta insomne, que grita mientras canta sus "horrendos días, / en su aún verde edad", como esa muchacha que se encuentra soñando en el interior de su habitación sin que, en apariencia, la perturbe inquietud alguna. En definitiva, Leopardi evoca de este modo "una soledad sin refugio (...) de la que uno no puede ya evadirse recurriendo a Dios, a la memoria, a los juegos de palabras o a la inmortalidad de la naturaleza. "



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