Rehenes (fragmento)Stefan Heym

Rehenes (fragmento)

"Y finalmente había además un acceso desde el agua. El Café Mánes se erigía parcialmente sobre un muelle que daba al río Moldava. En la planta baja estaba la cafetería; la superior se alquilaba para exposiciones de arte. Pero desde que los nazis habían invadido el país, el Mánes había dejado de ser el centro del arte moderno checo.
Un pasadizo, a la izquierda, conducía desde la cafetería al bar y al comedor. A mano derecha arrancaban las escaleras que llevaban a los servicios y un par de cuartos trasteros. E inmediatamente al pie de la escalera estaba la puertecita que daba al agua.
Janoschik, que nadaba como un pez, había aceptado el puesto por un modesto salario. Alguna que otra vez le daban propinas. De todos modos, estaba acostumbrado a vivir casi de la nada, y si hubiera sido necesario, habría puesto de su bolsillo para conseguir aquel empleo.
Ya llevaba cuatro meses trabajando en el Mánes y estaba siendo la época más tranquila de su vida. Años atrás, cuando organizaba a los mineros o vivía entre granjeros moravos, se había visto obligado a vivir en constante movimiento; unas veces había que cambiar de identidad, otras, de alojamiento; y en ocasiones, iba uno a la cárcel. ¿Y ahora?, sonreía para sus adentros; ahora disponía de un pequeño escondite caliente con salida trasera, y parecía que las autoridades, tanto las checas como las alemanas, o bien se habían olvidado de él, o bien no lo habían encontrado todavía.
Pero Janoschik no se hacía ilusiones. Sabía que no duraría eternamente. Tarde o temprano darían con él; y su juego terminaría. No creía sentir miedo para cuando llegara el momento. Tiempo atrás, en la guerra-y fueron cuatro los años que participó en ella-, también supo que le podía tocar a él. Y ahora volvía a ser un soldado, aunque en esta ocasión por voluntad propia. "



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