Provocación (fragmento)Stanislaw Lem

Provocación (fragmento)

"En el mundo cristianizado, esos razonamientos pasaron a ser un hecho común. Hay que añadir que ni las expediciones de los conquistadores, ni las levas de esclavos africanos, ni, más antiguamente, la liberación de Tierra Santa o el desmembramiento de los imperios indios de América del Sur, fueron llevados a cabo con una abierta intención genocida, sino que se trataba de reclutar mano de obra, de convertir paganos, de la conquista de tierras de ultramar, y las matanzas de aborígenes significaban la superación de unos obstáculos en el camino. Sin embargo, en la cronología de los genocidios podemos detectar una caída del interés propio como componente motivador en relación al componente justificativo, esto es, un creciente predominio del provecho espiritual sobre el provecho material de los autores. Aspernicus señala la masacre de los armenios por los turcos, en la Primera Guerra Mundial, como precursora del genocidio nazi, puesto que adquirió en toda su plenitud las características de un genocidio moderno: a los turcos la carnicería no les proporcionó ningún beneficio significativo, y al mismo tiempo se falsearon sus motivos y se ocultó como se pudo ante el mundo. Según el autor, el genocidio tout court no es el estigma del siglo XX, sino la matanza con razonamientos totalmente falseados, enmascarada en la medida de lo posible tanto en su desarrollo como en sus resultados. Los beneficios materiales procedentes del saqueo de las víctimas eran más bien nulos o peor incluso, como en el caso de judíos y alemanes: en el balance del estado alemán, el judeocidio significó una pérdida material y cultural, lo cual fue demostrado, con amplia documentación, por autores alemanes después de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, a lo largo de la historia se invirtió la situación original: el provecho, ya fuese económico o militar, de la práctica del genocidio pasó de real a imaginario, y eso fue lo que generó la necesidad de encontrar nuevas justificaciones para el asesinato. Si estas justificaciones hubieran adquirido la potencia de un argumento tajante, las masivas sentencias de muerte ejecutadas mediante estas justificaciones no tendrían que ocultarse ante el mundo. Sin embargo se ocultaban por doquier, así que, por lo visto, no eran lo bastante convincentes ni siquiera para los promotores del genocidio. Aspernicus considera esto un diagnóstico inquietante y, a la vez, según los hechos, indiscutible.
Como indican los documentos conservados, el nazismo mantuvo en el proceso genocida una cierta gradación: a los pueblos diezmados y subyugados, como los eslavos, se les anunciaban algunas ejecuciones; en cambio, a los grupos que iban a ser totalmente eliminados, como los judíos o los gitanos, no se les avisaba de las ejecuciones en marcha. Cuanto más total era la matanza, más sombra la ocultaba. "



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