Leoncio y Lena (fragmento)Georg Büchner

Leoncio y Lena (fragmento)

"Leoncio.-¡Estúpido! ¿No tenéis nada que objetar? Os reclaman vuestros asuntos, ¿verdad? Lamento haberos retenido tanto tiempo. (El intendente se retira con una profunda reverencia.) ¡Intendente! Os felicito por el bello paréntesis que forman vuestras piernas al saludar... (Leoncio queda solo. Se tumba cuan largo es en el banco.) ¡Las abejas se posan con tal desgana en las flores y el sol lanza sus rayos a la tierra con tanta pereza! Una terrible ociosidad rezuma por doquier... La ociosidad es la madre de todos los vicios. ¿Qué no hará la gente por aburrimiento? Estudia por aburrimiento, reza por aburrimiento, se enamora, se casa, procrea por aburrimiento... y muere por aburrimiento también. Y todo esto -y aquí es donde entra en danza el humor- con rostros rebosantes de importancia, sin saber ellos mismos por qué obran de tal o cual manera y dando a sus actos Dios sabe qué significado. Todos esos héroes, esos genios, esos tontos, esos santos, esos pecadores, esos padres de familia no son, en el fondo, sino ociosos refinados... Pero, ¿por qué he ser yo, precisamente yo, el destinado a concienciarlo? Quizá porque soy incapaz de darme importancia ante mis propios ojos, incapaz de vestir a este miserable muñeco con un frac y ponerle un paraguas en la mano para que se convierta en un ser muy legal, muy útil y muy social. (Tras nueva pausa.) Hace un instante envidiaba a ese pobre hombre que acaba de dejarme. Hubiera sido capaz de molerlo a golpes de pura envidia. ¡Oh, si uno pudiera ser otro! ¡Aunque sólo fuese una vez! ¡Aunque sólo fuese un minuto! (Entra Valerio, ligeramente borracho.) ¡Cómo corre ese tipo! ¿Habrá alguna cosa en el mundo que pueda hacerme correr a mí? "


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