La moral de la mujer (fragmento)Ellen Key

La moral de la mujer (fragmento)

"La ley condena a la horca a aquéllos que tratan de vender billetes falsos; es, sin duda, una medida necesaria para preservar el bienestar público. Pero aquél que falsifica la gracia del amor, por diversas razones, se une a quien no ama, creando un círculo de ignominia y cometiendo un delito de resultados incalculables en el tiempo presente y en el futuro, difundiendo una infelicidad mucho más terrible que la falsificación de millones de billetes. C.J.L. Almquist.
La fórmula más sencilla para la nueva concepción de la moralidad, que se opone a la dogmática tradicional apreciada por la sociedad, pero sobre todo por las mujeres, podría resumirse en estas palabras:
"El amor es moral, incluso sin matrimonio legal, pero el matrimonio es inmoral sin amor"
La objeción habitual a este principio es que los que se proponen olvidar los deberes éticos y los sentimientos legítimos con el fin de hacer de la relación sexual el summum de su existencia, abordan relativamente la cuestión, ignorando incluso los parabienes de la lucha por la vida, condición decretada por las leyes terrenales. ¿Es posible imaginar un momento de mayor penetración del ser íntimo?
Es imposible negar en relación a la experiencia de la vida humana que lo erótico, la relación entre un hombre y una mujer se convierte en el aspecto más determinante y profundo de toda una vida, ya sea negativamente, porque se le priva de esta relación o haya tenido lugar en condiciones indeseadas, o positivamente, como signo de plenitud vital.
La depreciación por parte de la humanidad de la relación sexual y la relevancia concedida al amor establece en este orden una inmoralidad fruto del convencionalismo moral.
Ya no consideramos la propagación y perpetuación de la raza como la condición esencial de la pureza femenina. Pero la idea convencional de pureza todavía sostiene que la condición intacta de los sentidos pertenece a esta concepción. Cabría distinguir entre pureza y castidad, siendo aquélla como la nieve recién caída que puede ser fundida o manchada; la castidad, sería más bien, el acero templado por el fuego en una visión totalizante del amor, lo que no excluye que haya partición, pero que separa las exigencias del corazón de los sentidos. La esencia de la castidad es según palabras de George Sand: "Nunca traicionar al alma con los sentidos, ya sean del cuerpo o de la propia alma"-De pouvoir ne jamais tromper ni l´ame avec les sens ni les sens avec l´ombre-. La consagración absoluta sería la marca distintiva. La castidad debe caracterizar la vida familiar y conformar su futuro. "



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