Memorias de Georges el amargado (fragmento)Octave Mirbeau

Memorias de Georges el amargado (fragmento)

"Todo lo que sabía de él —al menos todo lo que sospechaba de él— es que era una de esas buenas personas
como tantas encuentra uno en la vida, una de esas buenas
personas de las que no hay mucho que decir, si no es que
son buenas personas. Y ahora no diría nada de él si su
viuda no hubiera venido a verme, ayer. Yo no la conocía.
Era una mujercita seca y angulosa, con dos crenchas grises
y una boca tan fina que, cuando la cerraba, a primera
vista no se distinguía la línea de los labios.
—¡Ay, señor mío —me dijo—, ha sido una gran desgracia para mí, puede creerme!
Su voz blanca, sin timbre, sin acento, me dejó asombrado.
—Cuando se ha vivido tanto tiempo con una persona—prosiguió—, una separación tan brusca… ¡cuesta mucho acostumbrarse!
—La creo, señora, y la compadezco infinitamente.
Le rogué que tomara asiento. Abrió su chal, y vi un gran paquete, envuelto en papel de color ciruela, que llevaba bajo el brazo.
—Es un manuscrito —dijo, depositándolo sobre la falda.
Sin duda no debió de notar la expresión de terror que se pintó en mi rostro al oír la palabra manuscrito, pues
prosiguió:
—Lo he encontrado en un cajón, esta mañana… Él también escribía… Estaba redactando sus memorias…
Lo habría esperado todo de él, salvo esto… Desde luego, no tenía el aspecto de alguien que escribiera libros…
Porque, en fin, usted le conoció bien, usted era su mejor
amigo, y debe saber que no era muy listo, el pobre…
Me incliné con un gesto vago, que tanto podía ser un gesto de asentimiento como un gesto de protesta. "



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