Crítica de la religión y del estado (fragmento)Jean Meslier

Crítica de la religión y del estado (fragmento)

"¡Ay!, amigos míos, si conocierais bien la vanidad y la locura de los errores en que os mantienen bajo el pretexto de la religión, y si supierais cuan injustamente y cuan indignamente se abusa de la autoridad que se ha usurpado sobre vosotros bajo pretexto de gobernaros, ciertamente sólo tendríais desprecio por todo lo que se os hace adorar y respetar y sólo tendríais odio e indignación hacia todos aquellos que abusan de vosotros y que os gobiernan tan mal y que os tratan tan indignamente. A este respecto, me viene a la memoria un deseo que forjaba antaño un hombre que no tenía ciencia ni estudio pero que, según las apariencias, no carecía de sentido común para juzgar sanamente todos estos detestables abusos y todas las detestables tiranías que yo condeno aquí: por su deseo y por su manera de expresar su pensamiento, parece que veía bastante lejos y que penetraba bastante profundamente en este detestable misterio de iniquidad del que acabo de hablar, puesto que reconocía muy bien a sus autores y protagonistas. Deseaba que todos los grandes de la tierra y que todos los nobles fueran colgados y estrangulados con tripas de sacerdote. Esta expresión no debe dejar de parecer ruda, grosera y chocante, pero se ha de reconocer que es franca e ingenua; es breve pero expresiva, puesto que da a entender en muy pocas palabras todo lo que esta clase de gente merecería. En cuanto a mí, amigos míos, si tuviera que forjar un deseo al respecto (y no dejaría de hacerlo si pudiera tener su efecto), desearía tener el brazo, la fuerza, el coraje y la masa de un Hércules para purgar al mundo de todos los vicios y de todas las iniquidades, y para tener el placer de derribar a todos estos monstruos de tiranos con cabezas coronadas y a todos los demás monstruos, ministros de errores e iniquidad, que hacen gemir tan lastimosamente a todos los pueblos de la tierra.
No penséis, amigos míos, que me impulse aquí algún deseo particular de venganza, ni algún motivo de animosidad o de interés particular; no, amigos míos, no es la pasión la que me inspira estos sentimientos ni la que me hace hablar de esta forma y escribir así; verdaderamente sólo es mi inclinación y mi amor por la justicia y por la verdad, que veo por un lado tan indignamente oprimida, y mi aversión natural por el vicio y la iniquidad que veo por otro reinar tan insolentemente por doquier; no se podría tener odio ni aversión suficiente hacia personas que causan tan detestables males en todas partes y que abusan tan universalmente de los hombres. "



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