El bulevar periférico (fragmento)Henry Bauchau

El bulevar periférico (fragmento)

"Durante los primeros años de la guerra, escalamos juntos a menudo, y acabamos haciendo amistad. Una vez trajo a un monitor de deporte, Sarquin, excelente escalador. Al final del día, mientras nosotros lo asegurábamos desde abajo, Stéphane nos mostró cómo hacer una vía dominada por una pronunciada cornisa a la que había que encaramarse a pulso en dos ocasiones.
Stéphane salva el primer tramo muy despacio y, tras recobrar el aliento, aborda y pasa el segundo con una precisión y una rapidez asombrosas. Vuelve a bajar en rápel y asegura a Sarquin. Éste, tras un buen comienzo, supera el primer saliente demasiado deprisa, llega cansado al segundo, no consigue elevarse y, de pronto, cae.
Stéphane lo asegura mientras baja y me dice que lo intente. Si Sarquin no lo ha conseguido, yo, menos. No tengo demasiadas ganas de probar suerte, pero no puedo achantarme delante de ellos.
Empiezo más despacio que Sarquin, salvo el primer saliente con esfuerzo, economizando el aire. En el segundo hay que ser rápido con las manos. Ante la roca, recuerdo los movimientos de Stéphane, y el instinto que todos llevamos dentro los ejecuta. Mis manos se agarran a rebordes minúsculos, un impulso me eleva y, sin saber cómo, paso. En el instante en que supero el primer saliente, veo entre mi cuerpo y mi brazo el rostro atento de Stéphane, que me está asegurando. Cuando llego arriba y me vuelvo, descubro que está esbozando una sonrisa de satisfacción –su “sonrisa de piel roja”, como la llaman los hombres de su brigada–, que a su vez me infunde un sentimiento de alegría, de total plenitud.
Cuando regreso al suelo, Sarquin me mira asombrado, sin entender cómo he conseguido triunfar allí donde él, más fuerte y mejor preparado, ha fracasado.
Tras esa mirada desde lo alto a la sonrisa de Stéphane, el vértigo que siempre había sufrido desapareció. Ya no tuve que preocuparme más que de la pared, la fuerza de la gravedad y los movimientos de mis cuatro extremidades, y no volví a quedarme paralizado por el miedo.
Había ocurrido algo, como si Stéphane me hubiera revestido de su fuerza. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com