El cristiano mágico (fragmento)Terry Southern

El cristiano mágico (fragmento)

"Era bien sabido por todos que Grand era proclive a recompensar con generosas propinas a todos aquellos que le prestaban cualquier servicio personal, y por eso era común ver siempre a tres o cuatro mozos revoloteando holgazanamente en el pasillo contiguo a su compartimento, atentos a la portezuela, por si a Grand se le antojaba cualquier cosa.
En cuanto el tren abandonaba la estación, escrutaban sus idas y venidas allá en el interior, y escuchaban cómo tarareaba por lo bajinis mientras removía los papeles de su mesa.
De todos modos, antes de que el tren efectuase su primera parada, los mozos debían tener mucho cuidado en esfumarse, pues Grand había dado órdenes estrictas de que no quería toparse con nadie cuando saliese de su compartimento, cosa que hacía en todas y cada una de las escalas.
Durante la primera de estas paradas, que no se demoró demasiado, Grand saltó rápidamente al vagón de asientos contiguo y se apostó junto a la ventana. Le gustaba aquella atalaya porque desde allí podía observar la actividad que se desarrollaba en el andén sin que nadie lo importunase.
Su complaciente cara roja le daba una cierta apariencia de honesto granjero, y eso le dotaba de cierta ventaja, puesto que así no llamaba demasiado la atención.
Desde la ventanilla del tren, tras la estación y más allá, podía apreciar el perfil de la pequeña población de Nueva Inglaterra en la que se habían detenido (inerte en la tarde estival, como un mausoleo de juguete) mientras que todo lo que parecía estar vivo en la ciudad se apretujaba de sopetón en los pasos subterráneos, para emerger de nuevo precipitadamente, como por la boca de un embudo, hacia el andén de la estación, en la que alguien descargaba pequeños paquetes cuadrados desde uno de los vagones centrales del tren. "



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