La gran casa (fragmento)Nicole Krauss

La gran casa (fragmento)

"Fue en vano. Tres semanas después de que se mudara, recibí una postal suya (sin remite) en la que me decía que nuestra decisión —así la llamaba— había sido la correcta, por dura que resultara, y me instaba a reconocer que nuestra relación había terminado para siempre.
Luego todo empeoró durante una temporada y después empezó a mejorar. No entraré en detalles más allá de explicar que no salía, ni siquiera para visitar a mi abuela, y tampoco dejaba que nadie viniera a verme. Por extraño que parezca, lo único que me servía de consuelo era que hacía un tiempo de perros, por lo que pasaba las horas recorriendo el piso, armada de una pequeña y extraña llave inglesa especial para ajustar los tornillos de los vetustos marcos de las ventanas. En los días de mucho viento se aflojaban y las ventanas chirriaban.
Había seis ventanas, de modo que, en cuanto había acabado de apretar los tornillos de una, otra empezaba a gemir, así que corría de acá para allá, llave inglesa en mano. Luego, a lo mejor disfrutaba de media hora de tregua, que pasaba sentada en la única silla que quedaba en el piso. Durante un tiempo, al menos, fue como si lo único que quedaba del mundo fuera aquella lluvia interminable y la necesidad de ajustar bien los tornillos. Cuando por fin salió el sol, decidí dar un paseo. Todo estaba inundado, y aquellas aguas quietas como espejos me serenaban. Caminé mucho rato, por lo menos seis o siete horas, por barrios a los que nunca había ido y a los que jamás he vuelto. Regresé a casa exhausta, pero convencida de haberme purgado de algo. Ella me lavó la sangre de las manos y me dio una camiseta limpia, quizá suya. Me tomó por su novia, o tal vez incluso por su mujer. Nadie ha venido por usted aún. No me apartaré de su lado. "



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