Por amor a Judit (fragmento)Meir Shalev

Por amor a Judit (fragmento)

"En los días templados, el olor suave de la leche se elevaba desde las paredes de mi casa. Las paredes estaban enlucidas y encaladas, los azulejos cubrían el suelo, pero desde los poros de las paredes y las grietas del pasillo, el olor me alcanzaba, persistente, como el ladrón de un antiguo amor. Una vez mi casa fue un establo. La casa de un alazán y su yegua y también de unas cuantas vacas lecheras. Tenía una amplia puerta de madera, atravesada por un perno de hierro, canales de hormigón, horquillas para el ganado, jarras, latas y estaciones de ordeño.
Y una mujer vivía en el establo, donde trabajaba y dormía, soñaba y lloraba. Y una estera de sacos donde dio a luz a su hija. Las palomas iban y venían sobre las tejas del techo. En las remotas esquinas se hospedaban las golondrinas sobre sus nidos de barro y el revoloteo de sus alas era tan agradable que incluso lo siento ahora, suavizando la expresión de mi rostro, alisando las arrugas de la edad y la ira hasta donde alcanza mi memoria.
Por la mañana, el sol iluminaba los cuadrados de las ventanas de las paredes y las partículas doradas por el polvo danzaban por el aire. El rocío se acumulaba sobre las tapas de las jarras y los ratones de campo se escurrían sobre los haces de paja como pequeños rayos grises.
La yegua, de acuerdo a los recuerdos que mi madre quiso inculcarme, era salvaje y muy sabia, incluso podía golpearte mientras dormía y cuando intentabas montarla, galopaba hacia la puerta, se inclinaba y pasaba por debajo de la barra del perno y si no saltabas a tiempo, la barra de hierro golpeaba tu pecho y te derribaba. La yegua también sabía cómo robarle la cebada al caballo y cómo reír en voz alta y dar golpes secos en la puerta de la casa con su pezuña para conseguir algunos dulces.
Y un poderoso árbol de eucalipto se alzaba en el patio, de ramas anchas, fragante y siempre susurrando. Nadie sabía quién lo había plantado ni que viento había esparcido sus semillas. Era más grande y añejo que todos sus hermanos en el cercano bosque de eucaliptos. Aguardó en su lugar mucho antes de que la aldea fuera fundada. A menudo trepaba sobre él porque los cuervos anidaban en la cresta y me encantaba observarles.
Pero ahora mi madre está muerta, el árbol fue cortado y el establo se convirtió en una casa, los cuervos se marcharon, aunque otros han venido, regresando para la eclosión de sus huevos. Y, sin embargo, estos cuervos y estas historias y el establo y ese eucalipto-son áncoras, eternas imágenes de mi vida. "



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