Algo de fiebre (fragmento)Sandro Penna

Algo de fiebre (fragmento)

"Giullietto salió. Mario se sintió liberado. Sin embargo, lo había llamado él. Pero sabía que ya no lo deseaba. Quizás necesitara sentir otra vez aquel sentimiento de indiferencia. Volvió a su habitación. Pensó en acostarse de inmediato. Aunque presentía algo nuevo. ¿Qué? Una especie de dicha temerosa. ¿Por qué? Tal vez por no estar subyugado ya por pasión alguna. Retiró de la cama la toalla, aún mojada por Giullietto... Brutal, desazonador asunto... Trataba de hallar un solaz en soledad. Y Mario lo había iluminado desdeñosamente con la lámpara durante aquel acto del que-pensaba- debía sentirse avergonzado. Había conocido a Giullietto cuatro años antes: era un adolescente maravilloso de unos quince años. Lo había vuelto a ver de nuevo un año después. La sensación de sentirse cautivado por su belleza no lo había abandonado durante aquel tiempo. Y esta vez podría amarlo con total libertad. Lo veía a menudo... Tenía que fingir que no lo quería, pues se sentía profundamente infeliz a causa de la profundidad de su amor. En adelante permaneció indeleble el mito de la belleza de Giullietto. Volvió a encontrarlo pasado ya cierto tiempo: se había convertido ya casi en todo un hombre: no sintió interés alguno, a no ser el de la mera curiosidad de apreciar aquella metamorfosis. Mario sólo se acordaba de su maravillosa dulzura a los dieciséis años. Ahora, además, tenía diecinueve. Seguía siendo esbelto y un tanto infantil, pero había adquirido el aplomo de cierta seriedad, pero... distante en relación al ideal añorado por Mario. Con todo deseaba sentirlo. Lo había llevado a casa. Lo había desnudado y se había desvestido. Lo había abrazado como antaño, pero encontró una respuesta menos dulce, el pelo le había crecido ya por todas partes. Al encender la luz, comprobó que era muy velludo, incluso por detrás, como un animal. Sin embargo los ojos conservaban aún aquella luz centelleante y pueril. "


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