La fábrica de sedas (fragmento)Tash Aw

La fábrica de sedas (fragmento)

"He explicado que mis antepasados procedían probablemente del sur de China, en concreto de las provincias de Guangdong y Fujian, pero hay que añadir otra cosa, y es que, incluso en esas dos grandes provincias, la gente hablaba lenguas diferentes. Esto es importante, porque el idioma determinaba quiénes eran tus amigos y quiénes, tus enemigos. En nuestro pueblo se habla sobre todo hokkien, pero hay también muchos hablantes de hakka, como mi tío Tony, el que se casó con tía Baby. La traducción literal de hakka es «huésped», descendientes de tribus vencidas en antiguas batallas y obligadas a vivir extramuros de la ciudad. Los hokkiens y otros chinos de aquí consideran a los hakkas gente de clase muy baja y con claras tendencias criminales, lo que sin duda explica las tensiones y los resentimientos con los hokkiens de estas comarcas. La única ventaja de los hakkas, a la que ellos suelen recurrir como ejercicio de subterfugio y astucia, es la similitud entre su lengua y el mandarín, el noble y majestuoso idioma de la corte imperial, lo que les facilita enmascarar su sospechoso linaje. Así fue en gran medida como tío Tony, que se ha convertido en magnate hotelero (hotelier, dice él), consiguió convencer a los bancos y al público en general de que era un hombre con estudios (Penang Free School y London School of Economics), cuando en realidad es tan inculto y tiene tan poca instrucción como mi padre. Diré, en su beneficio, que ha sabido superar uno de los signos más reveladores del atraso hakka, la ausencia de «h» aspirada en su idioma y la «f» resultante (y ridícula, para qué mentir) que la sustituye, ya sea hablando mandarín, malayo o incluso inglés.
Evidentemente, Johnny Lim no era el nombre verdadero de mi padre. En los primeros años de su vida lo conocían por Lim Seng Chin, su nombre real, por lo demás, un nombre hokkien muy común y absolutamente mediocre. Decidió llamarse Johnny a finales de la década de 1940, cuando tenía unos veinte años. Se lo puso en honor a Tarzán. Esto lo sé porque entre los pocos documentos que dejó al morir había unas viejas fotografías, sucias y abarquilladas, cuidadosamente recortadas de páginas de revista y sujetas mediante un clip oxidado. En todas aparece el mismo hombre, luciendo un taparrabos mal ajustado, a veces sosteniendo en brazos a una mujer bonita cuyos grandes pechos americanos pugnan por salirse del sujetador. En una foto en concreto se los ve de pie sobre un tronco artificial, agarrados a lianas; él tiene la frente fruncida y escruta el horizonte en busca de peligros desconocidos, mientras ella lo mira arrobada. A sus espaldas hay un telón con colinas boscosas, de textura lisa. Otra fotografía, esta vez un retrato del mismo individuo de poderoso tórax con gotas de sudor en los hombros, lleva este pie: «Johnny Weissmuller, campeón olímpico.»
No sabría decir qué vio mi padre en Johnny Weissmuller. No existe la menor similitud entre los dos, pero es una comparación divertida. Johnny Weissmuller: americano, musculoso, atractivo para las mujeres. Johnny Lim: bajo, rechoncho, poco comunicativo, un solitario irremediablemente calvo con escasas dotes sociales. En realidad se podría decir que yo tengo más en común con Johnny Weissmuller que él, puesto que, al menos, soy alto y poseo una buena mata de pelo. Mis facciones, como ya he mencionado, son angulosas; mi nariz, extrañamente ancha y pronunciada. Cuando tengo un buen día, algunos llegan a considerarme guapo. "



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