Una nulidad de hombre (fragmento)Fatos Kongoli

Una nulidad de hombre (fragmento)

"Entonces no caí en la cuenta de que llevaba años sin llorar. Se me había secado el alma y pensaba desde hacía bastante tiempo que ya no existía nada en este mundo que me pudiera hacer verter una lágrima. Alguien que pasaba me consoló poniéndome la mano sobre el hombro y me dijo que no me preocupara, que pasado mañana saldría otro vapor.
Al oscurecer, regresé a la pequeña ciudad. Como mi marcha, mi regreso pasó igualmente inadvertido. La expatriación de Dorian Kamberi y su familia se supo al día siguiente. Pero los comentarios al respecto no se prolongaron demasiado. Algunos le insultaron, otros le alabaron y otros le envidiaron. Encajé las obligadas murmuraciones con el sentimiento del ladrón que ha participado en la fechoría y aguanta el tipo mientras oye los disparates que dicen los demás. Por primera vez en mi existencia de solterón de cuarenta años guardaba en mi interior un secreto del que mi pequeña ciudad no tenía noticia. Y del que jamás se habría enterado si no me hubiera empeñado en escribir este relato. Que yo, de la noche a la mañana, pudiera marcharme y subirme al barco, no le habría extrañado en general a nadie en mi pequeña ciudad. Pero que me pusiera en camino, me embarcara en el vapor y después, de repente, me bajara, bajo ningún concepto se lo hubiesen imaginado. Tampoco Dori, si es que llegó a entender lo que le dije, creyó realmente que me bajaría. Aunque quizás pensara que con mi apatía sería para él una carga mayor que la de su propia familia, y por eso no hizo el menor intento de detenerme.
Sea como fuere, me quedé y al día siguiente mis pasos me llevaron al cementerio. Puede que penséis que lo que me impidió marcharme fueron a saber qué tumbas de los antepasados o la añoranza. "



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