Metrópolis (fragmento)Thea von Harbou

Metrópolis (fragmento)

"El guardián de la máquina-corazón se quedó de piedra. Luego dio la vuelta torpemente, se dirigió a la puerta y corrió los cerrojos. La multitud le oyó. Aulló triunfante. La puerta se abrió de par en par. Una tromba humana penetró en la sala arrollando a su paso al hombre, que permanecía de pie en el umbral. Se lanzaron hacia la máquina; todos querían poner las manos en ella. Una muchacha dirigía bailando a la multitud.
—¡Mirad! —gritó—. ¡Mirad! ¡El corazón de Metrópolis! ¿Qué haremos con el corazón de Metrópolis?
¡Hemos sentenciado a las máquinas!
¡Hemos condenado a muerte a las máquinas!
¡Las máquinas deben morir! ¡Al infierno con ellas!
Pero la multitud ya no seguía la canción de la muchacha. Todos miraban a la máquina, el corazón de la gran ciudad-máquina que se llamaba Metrópolis y que ellos habían alimentado. Como un solo hombre se acercaban lentamente a la máquina, que brillaba cual si fuera de plata. En todos los rostros se leía el odio, en todos los rostros se leía un temor supersticioso. El deseo de la destrucción definitiva estaba escrito en todos los rostros.
Pero, antes de que todo eso llegara a expresarse, Grot, el guardián, se colocó ante la máquina. No hubo insulto ni obscenidad que no lanzara violentamente al rostro de la multitud. Las palabras más viles aún no le parecían suficientes. Y todos le miraron con ojos enrojecidos. Le miraron con odio. Veían que aquel hombre estaba allí, delante de ellos, y les insultaba en nombre de la máquina.
Para ellos, hombre y máquina se fundieron en uno, hombre y máquina merecían el mismo odio. Avanzaron. Cogieron al hombre, deseando coger a la máquina. Le derribaron, le pisotearon, le arrastraron hasta sacarlo de la sala. Se olvidaron de la máquina porque ya tenían al hombre —tenían al guardián del corazón de todas las máquinas— y creyeron que, al llevarse al hombre de la máquina-corazón, arrancaban el corazón del pecho de la gran ciudad-máquina. "



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