La cartera (fragmento)Octave Mirbeau

La cartera (fragmento)

"Parecía que aún veía al caballero aquel... un bello señor, bien ataviado...corbata blanca... pechera deslumbrante... bastón con puño de oro... Y Jean Chiffons levantaba los hombros sin envidia ni odio.
Lo que más le disgustaba era tener que tomar el camino de la plaza de Anvers... Estaba muy lejos y ¡se sentía tan cansado!... pero tenía «su casa» en un banco de allí. Después de todo, no se dormía mal y tenía la seguridad de no ser molestado... porque los agentes habían concluido por apiadarse de él y lo dejaban dormir...
— ¡Diantre!... — dijo — he ahí una mala jornada... desde hace tres semanas no la había tenido igual... Tienen razón los que dicen que este comercio no va bien... y que la culpa es de los ingleses... ¡Consagrados ingleses!
Se puso en marcha sin perder la esperanza de encontrar en su camino a algún caballero, o a un borracho generoso que le diera dos sueldos... dos verdaderos sueldos con los cuales podría comprar pan a la mañana siguiente.
— ¡Dos sueldos!... dos verdaderos sueldos... eso no es pedir un Perú... —se decía marchando lentamente... porque, además de estar cansado, tenía una hernia que le hacía sufrir más que de costumbre.
Hacía como unos quince minutos que andaba desesperanzado ya de encontrar el caballero providencial, cuando percibió, bajo sus pies, alguna cosa blanda...
De momento pensó que podía ser una inmundicia... Luego que podía ser una cosa buena para comer... ¿Es tan taro encontrar algo? La casualidad no estima mucho a los pobres, y les reserva muy pocas veces sorpresas afortunadas... No obstante, recordaba que una noche, en la calle Blanca, había encontrado una pierna de carnero, muy fresca, una magnífica y enorme pierna, caída sin duda del carruaje del matarife... Pero lo que tenía ahora bajo sus pies no era con seguridad una pierna... debía ser una chuleta. "



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